Busto de la Dama de Elche.
La impresionante Dama de Elche.

La Dama de Elche escondía un secreto durante más de 100 años: este hallazgo cambió lo que se sabía de ella

La Dama de Elche: la ciencia resolvió el misterio de la escultura ibérica más famosa de España

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La Dama de Elche lleva más de un siglo siendo una de las piezas arqueológicas más conocidas de España.

Descubierta en el año 1897 en el yacimiento de La Alcudia, en Elche, la escultura ha generado numerosas investigaciones sobre su origen, su función y el significado de la cavidad situada en su parte posterior.

Durante décadas se formularon hipótesis de todo tipo, pero los estudios científicos desarrollados por especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) permitieron aclarar una de las principales incógnitas: la pieza fue utilizada como urna funeraria dentro de los rituales de incineración de la cultura ibera.

Dama de Elche: un hallazgo que cambió la arqueología ibérica

La Dama de Elche apareció el 4 de agosto de 1897 durante unos trabajos agrícolas en la finca de La Alcudia, a las afueras de Elche.

El descubrimiento sorprendió por el excelente estado de conservación del busto y por la riqueza de sus detalles, especialmente el elaborado tocado, las joyas y los restos de policromía que aún conservaba.

La noticia se difundió con rapidez y despertó el interés de especialistas nacionales e internacionales. Poco después fue adquirida por el Museo del Louvre por 4.000 francos, una operación que situó la escultura entre las grandes referencias del arte ibérico conocidas hasta entonces.

La obra pertenece, según el consenso científico, al siglo IV a. C., en una etapa de gran desarrollo de la cultura ibera en la fachada mediterránea de la península.

Aquellas comunidades mantenían contactos comerciales con fenicios y griegos, influencias que pueden apreciarse tanto en las técnicas artísticas como en algunos elementos decorativos presentes en la escultura.

La investigación científica confirmó su función funeraria

Durante décadas, la cavidad abierta en la parte posterior del busto fue objeto de numerosas interpretaciones. Algunos investigadores consideraban que podía tener una finalidad ritual, mientras que otros planteaban usos distintos sin que existieran pruebas concluyentes.

La investigación dio un paso decisivo en 2011, cuando un equipo del CSIC dirigido por María Pilar de Luxán, del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, analizó mediante técnicas microscópicas el yeso recristalizado que recubría el interior de esa cavidad.

Los análisis identificaron partículas carbonosas y pequeños fragmentos ricos en calcio y fósforo con características compatibles con cenizas óseas humanas.

La comparación con restos procedentes de otros yacimientos iberos permitió concluir que la composición coincidía con materiales derivados de cremaciones funerarias.

Los investigadores también determinaron que las cenizas fueron depositadas cuando todavía conservaban una elevada temperatura, circunstancia que explicaría la recristalización observada en el yeso del interior del receptáculo.

Este conjunto de evidencias permitió sostener que la Dama de Elche fue utilizada como urna cineraria, una práctica coherente con los rituales funerarios documentados entre las comunidades iberas de aquella época.

El viaje de la Dama de Elche: del Louvre al Museo Arqueológico Nacional

La escultura permaneció en el Museo del Louvre hasta el año 1941. Ese año regresó a España dentro de un intercambio de obras de arte acordado entre el régimen de Vichy y el Gobierno de Francisco Franco.

Desde entonces se convirtió en uno de los principales símbolos del patrimonio arqueológico español. Durante el franquismo su imagen fue utilizada con fines propagandísticos e incluso apareció representada en antiguos billetes de una peseta, un uso que condicionó durante años la percepción pública de la pieza.

Su autenticidad también fue objeto de debate cuando, en 1995, el historiador del arte John F. Moffitt planteó la posibilidad de que se tratara de una falsificación del siglo XIX. Pero esa hipótesis no obtuvo respaldo mayoritario entre los especialistas.

Los estudios posteriores sobre la piedra, los pigmentos conservados y el contexto arqueológico han reforzado la atribución de la obra a la cultura ibera. Si bien el debate historiográfico nunca desaparece por completo en arqueología, el consenso científico considera la Dama de Elche una escultura original del siglo IV a. C.

Actualmente se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, donde continúa siendo una de las piezas más estudiadas y visitadas.

Las investigaciones desarrolladas durante las últimas décadas no solo han permitido conocer mejor su proceso de elaboración, sino también comprender que su función estaba ligada a los rituales funerarios iberos, resolviendo una de las cuestiones que durante más de cien años acompañó a la obra más emblemática del arte ibérico.