Escritura Jiaguwen en caparazones de tortuga.

La escritura más antigua de China apareció en caparazones de tortuga y aún guarda enigmas

Jiaguwen, la escritura grabada en huesos que permitió reconstruir los orígenes de China

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China, la dinastía Shang, Anyang, los huesos oraculares y el sistema de escritura conocido con la denominación de Jiaguwen forman parte de uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes realizados en Asia Oriental.

Estas inscripciones, grabadas hace más de 3.000 años, más de tres milenios, sobre huesos de animales y caparazones de tortuga, representan la evidencia más antigua de la escritura china conocida hasta la fecha así como también ofrecen información directa sobre las creencias religiosas, la organización política y la vida cotidiana de una de las primeras civilizaciones del continente.

El hallazgo permitió a los investigadores acceder a documentos elaborados por los propios protagonistas de esa época, algo que se considera excepcional para un periodo tan remoto.

Gracias a estas inscripciones, los especialistas han podido reconstruir aspectos que son catalogados de fundamentales de la sociedad Shang y rastrear el origen de caracteres que, con múltiples transformaciones, siguen presentes en la escritura china actual.

Un descubrimiento que cambió la historia de la escritura china

La historia moderna del Jiaguwen comenzó en 1899. Ese año, un erudito chino adquirió unas supuestas “piedras medicinales” utilizadas en remedios tradicionales.

Al examinarlas con detenimiento descubrió que aquellas piezas contenían grabados desconocidos. Poco después se comprobó que procedían de huesos y caparazones extraídos de las ruinas de Anyang, considerada la última capital de la dinastía Shang.

Las investigaciones posteriores revelaron que aquellos objetos habían sido utilizados en ceremonias de adivinación. Los sacerdotes o adivinos grababan preguntas relacionadas con asuntos de Estado, cosechas, conflictos militares, fenómenos climáticos o decisiones de gobierno.

Después aplicaban calor sobre el material hasta provocar grietas cuya forma era interpretada como una respuesta de los ancestros o deidades.

Este sistema ritual, conocido como piromancia, dejó miles de registros escritos que hoy constituyen una fuente documental única. Las inscripciones datan principalmente del siglo XIII a. C. y permitieron confirmar la existencia histórica de la dinastía Shang, cuya realidad había sido cuestionada durante años por la escasez de evidencias directas.

Además de aportar información política y religiosa, los textos muestran una sociedad altamente organizada, con estructuras administrativas complejas y una estrecha relación entre el poder político y las prácticas espirituales.

Cómo era la escritura utilizada por los antiguos oráculos

Los caracteres del Jiaguwen representan una fase temprana de la evolución de la escritura china. Muchos conservan un carácter claramente pictográfico, ya que reproducen de forma simplificada elementos de la naturaleza, animales, personas u objetos cotidianos.

Sin embargo, los especialistas destacan que estas inscripciones muestran ya un grado considerable de desarrollo. No se trata de dibujos aislados, sino de un sistema de escritura funcional capaz de transmitir información compleja. En él aparecen signos que representan conceptos abstractos, nombres propios, fechas y acontecimientos específicos.

La elaboración de los textos requería una notable destreza técnica. Los escribas grababan los caracteres sobre superficies duras utilizando herramientas de precisión, manteniendo una disposición ordenada de los signos. Este proceso anticipó principios estéticos que siglos más tarde influirían en la tradición caligráfica china.

El estudio de estos caracteres también ha permitido seguir la transformación gráfica de numerosos signos hasta sus equivalentes modernos, convirtiendo al Jiaguwen en una pieza esencial para comprender el desarrollo lingüístico de China.

Un patrimonio aún lleno de incógnitas

La relevancia histórica de estas inscripciones obtuvo reconocimiento internacional en 2017, cuando el Jiaguwen fue incorporado al Registro Memoria del Mundo de la UNESCO tras un proceso de documentación y evaluación que se prolongó durante más de una década.

Pese a los avances logrados, una parte significativa de los caracteres continúa sin descifrarse. Miles de signos conservados en colecciones arqueológicas siguen planteando interrogantes a lingüistas e historiadores, lo que limita la interpretación completa de algunos textos.

Al mismo tiempo, la conservación de los huesos y caparazones representa un desafío permanente debido a su fragilidad. Por ello, instituciones académicas y centros de investigación están recurriendo a tecnologías como el escaneo tridimensional y el análisis digital para documentar las piezas con mayor precisión.

Estas herramientas permiten preservar los originales y ampliar el acceso a un conjunto documental que continúa proporcionando información sobre los primeros sistemas de escritura del mundo y sobre una de las civilizaciones más influyentes de la historia asiática.

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