La increíble historia de “La dama de oro”, el retrato de Klimt que escondía un expolio nazi
La historia de Adele Bloch-Bauer, la mujer detrás de uno de los cuadros más famosos del siglo XX
Gustav Klimt, Adele Bloch-Bauer, Maria Altmann y la Galería Belvedere forman parte de una de las historias más conocidas sobre el expolio nazi de obras de arte.
El Retrato de Adele Bloch-Bauer I, pintado en 1907 y conocido durante años como "La dama de oro", no solo es una de las obras más representativas del modernismo vienés.
También se convirtió en el símbolo de una larga disputa judicial sobre la restitución de bienes robados a familias judías durante la Segunda Guerra Mundial.
Cuando el empresario y coleccionista Ronald Lauder compró el cuadro en 2006 para la Neue Galerie de Nueva York, aseguró que estaba adquiriendo “una parte de la historia del siglo XX”.
La afirmación resumía el recorrido de una obra marcada por el esplendor cultural de la Viena de principios de siglo, la persecución nazi y décadas de reclamaciones legales.
Un retrato nacido en la Viena de la Belle Époque
El cuadro fue encargado por Ferdinand Bloch-Bauer, industrial azucarero y mecenas de las artes, para retratar a su esposa Adele, una figura conocida en los círculos intelectuales de la Viena de comienzos del siglo XX.
Klimt tardó varios años en completar la obra y utilizó una técnica en la que mezcló óleo con láminas de oro y plata, una de las características más reconocibles de su llamada “etapa dorada”.
Adele Bloch-Bauer aparece representada con una figura estilizada, rodeada de patrones geométricos y detalles ornamentales que remiten tanto al simbolismo como al arte bizantino. La pintura terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocidas del arte austríaco.
Klimt, nacido en 1862 y fallecido en 1918, fue uno de los principales representantes del modernismo vienés. Su obra desafió los códigos artísticos y sociales de la época mediante retratos femeninos cargados de simbolismo, sensualidad y sofisticación estética.
En el caso de Adele Bloch-Bauer, el artista construyó una imagen que mezclaba elegancia aristocrática y una fuerte carga decorativa.
El cuadro también incorporaba joyas reales de la familia Bloch-Bauer. Entre ellas destacaban un collar y un brazalete de diamantes que, años después, desaparecerían tras la ocupación nazi de Austria.
La confiscación nazi y el exilio de la familia Bloch-Bauer
La vida de la familia cambió de forma radical en 1938 con la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi. Ferdinand Bloch-Bauer abandonó Viena y se refugió en Suiza mientras las autoridades nazis confiscaban sus propiedades y su colección de arte, que incluía cinco obras de Klimt.
El Retrato de Adele Bloch-Bauer I pasó entonces a manos del Estado austríaco y fue exhibido durante décadas en la Galería Belvedere de Viena.
Allí se convirtió en una auténtica pieza nacional, aunque buena parte de la población desconocía el origen judío de la familia propietaria y las circunstancias bajo las que la obra había sido obtenida.
Durante esos años, el régimen nazi rebautizó el cuadro como La dama de oro, una forma de eliminar la referencia al apellido Bloch-Bauer.
Las joyas que aparecen en la pintura también fueron requisadas por la Gestapo. El collar acabó vinculado a Emmy Göring, esposa del dirigente nazi Hermann Göring.
Adele había fallecido en 1925 a causa de una meningitis y no llegó a ver el destino de la obra. Tampoco pudo imaginar que décadas después su retrato acabaría convertido en uno de los símbolos internacionales de la restitución artística.
El juicio que cambió la historia del cuadro
La recuperación del retrato comenzó gracias a Maria Altmann, sobrina de Ferdinand Bloch-Bauer y refugiada judía en Estados Unidos. A finales de los años noventa inició un proceso judicial contra el Estado austríaco para reclamar varias obras de Klimt pertenecientes a su familia.
El caso estuvo liderado por el abogado E. Randol Schoenberg y terminó llegando al Tribunal Supremo de Estados Unidos. Tras años de litigios y arbitrajes, Austria aceptó devolver las pinturas en 2006.
La resolución tuvo un enorme impacto internacional porque abrió nuevos debates sobre el arte expoliado durante el nazismo y la responsabilidad de los museos europeos en la devolución de piezas obtenidas de forma ilegal.
Después de recuperar el cuadro, Maria Altmann decidió venderlo debido a los elevados costes fiscales y de conservación. Ronald Lauder adquirió la obra por una cifra récord para exhibirla en la Neue Galerie de Nueva York, donde continúa expuesta como una de sus piezas centrales.
La historia inspiró además la película La dama de oro, dirigida por Simon Curtis en 2015 y protagonizada por Helen Mirren y Ryan Reynolds.
El filme reconstruyó la batalla legal y devolvió proyección internacional a un caso que unió arte, memoria histórica y justicia patrimonial.