Misión secreta contra el arma nuclear nazi.

La misión secreta que cambió la Segunda Guerra Mundial: de esta forma frenaron el proyecto nuclear nazi

Operación Gunnerside: el sabotaje noruego que golpeó el programa nuclear del Tercer Reich

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Winston Churchill, Adolf Hitler, Vemork, Telemark y la resistencia noruega quedaron unidos para siempre por una misión que acabó convirtiéndose en uno de los episodios más decisivos del sabotaje aliado.

Si bien los especialistas coinciden en que las opciones reales de que el régimen nazi desarrollara una bomba atómica eran reducidas, el temor a que Alemania lograra una ventaja estratégica llevó a Londres a actuar. La prioridad era impedir cualquier avance del programa nuclear germano y el punto vulnerable estaba en Noruega.

La fábrica que preocupaba a los aliados

En la región de Telemark funcionaba la planta de Vemork, propiedad de Norsk Hydro, la única instalación del mundo capaz de producir agua pesada a escala industrial al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Este compuesto, obtenido mediante complejos procesos de electrólisis, era considerado esencial para determinados experimentos relacionados con la fisión nuclear.

La invasión alemana de Noruega en abril de 1940 convirtió aquellas instalaciones en un activo estratégico del Tercer Reich. Berlín incrementó la producción y desplazó a especialistas para aumentar el rendimiento de la planta.

Los servicios secretos británicos seguían de cerca esos movimientos gracias a la información proporcionada por un ingeniero noruego que trabajaba en Vemork.

Churchill defendió inicialmente destruir la fábrica mediante bombardeos de la RAF. Sin embargo, las advertencias sobre el riesgo que supondría para la población cercana de Rjukan llevaron al Gobierno noruego exiliado en Londres a apostar por una operación limitada, ejecutada por comandos especialmente entrenados.

Del desastre de Freshman al éxito de Gunnerside

La primera fase comenzó en octubre de 1942 con la Operación Grouse. Cuatro noruegos fueron lanzados en paracaídas para preparar el terreno. Las condiciones meteorológicas extremas y la dificultad del terreno retrasaron durante semanas el desarrollo del plan.

Poco después arrancó la Operación Freshman. Comandos británicos transportados en planeadores debían completar el asalto, pero el mal tiempo provocó el fracaso. Los aparatos se estrellaron antes de alcanzar el objetivo y los supervivientes fueron capturados.

Aplicando la orden dictada por Hitler para ejecutar a los comandos aliados, la Gestapo acabó con sus vidas. El balance dejó 41 muertos entre tripulantes y soldados británicos.

Lejos de abandonar el proyecto, Londres organizó una nueva misión integrada únicamente por noruegos. El 27 de febrero de 1943, los saboteadores descendieron hasta la fábrica, superaron los accesos y alcanzaron las cámaras de electrólisis.

Colocaron explosivos con mechas temporizadas y escaparon antes de las detonaciones. Las instalaciones críticas quedaron destruidas y los participantes lograron huir sobre esquíes sin sufrir bajas.

Bombardeos, civiles muertos y el hundimiento del ferry

El éxito tuvo un alcance limitado. Alemania reconstruyó la planta y retomó la actividad pocos meses después. Estados Unidos defendió entonces una respuesta más contundente.

El 16 de noviembre de 1943, bombarderos B-17 atacaron Vemork. El operativo dañó gravemente la producción, aunque también provocó la muerte de 22 civiles noruegos.

Ante la amenaza de nuevos bombardeos, los alemanes decidieron trasladar las reservas disponibles de agua pesada a su territorio.

En febrero de 1944, 39 barriles fueron embarcados en un ferry que debía cruzar el lago Tinn. Saboteadores noruegos colocaron explosivos en la bodega y abandonaron el lugar antes de la salida.

La detonación hundió el transbordador a unos 430 metros de profundidad. Murieron catorce civiles entre pasajeros y tripulantes. Décadas después, los historiadores siguen debatiendo hasta qué punto estas operaciones retrasaron el proyecto atómico alemán.

Lo que apenas genera discusión es que la Operación Gunnerside obligó al Tercer Reich a dedicar recursos extraordinarios a proteger una infraestructura estratégica y se consolidó como una de las acciones de sabotaje más eficaces y audaces desarrolladas en la Europa ocupada.

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