La sencilla idea de un maestro inglés que revolucionó el correo y terminó extendiéndose por otros países
De los mensajeros de los faraones al primer sello: la revolución que cambió para siempre la forma de enviar una carta
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Mucho antes de que existieran buzones, sellos o carteros como los conocemos, Egipto, Persia y Roma ya se enfrentaban a un problema que resultaba decisivo para gobernar grandes territorios: conseguir que una orden llegara con rapidez a cientos o miles de kilómetros de distancia.
Aquellas redes de mensajeros fueron evolucionando durante siglos, pero el salto hacia el correo moderno no llegó hasta el siglo XIX, cuando el británico Rowland Hill planteó una idea aparentemente sencilla: reducir la burocracia, establecer tarifas uniformes y cobrar las cartas antes de enviarlas.
De los faraones al sofisticado correo del Imperio romano
Las primeras referencias históricas a sistemas organizados de mensajería se remontan al antiguo Egipto. Alrededor del 2400 a. C., los faraones utilizaban mensajeros para transmitir decretos a diferentes puntos de sus dominios. Siglos más tarde aparecieron sistemas semejantes en China durante la dinastía Zhou.
En Persia, Ciro II el Grande recurrió a correos a caballo apoyados por casas de postas y por una red de carreteras que facilitaba el desplazamiento entre ciudades. La fórmula permitía sustituir monturas y mantener las comunicaciones en movimiento durante trayectos extensos.
Roma llevó esa necesidad administrativa a otra escala con el cursus publicus, una infraestructura destinada a garantizar las comunicaciones del Estado y estrechamente vinculada a su organización militar y administrativa. A lo largo de las calzadas existían puntos de relevo para los desplazamientos.
El sistema también contaba con mecanismos de inspección destinados a vigilar su funcionamiento y limitar los usos privados. Mantener una red de esas dimensiones exigía recursos, organización y controles constantes, especialmente en un imperio que necesitaba comunicarse con provincias muy alejadas.
Rowland Hill detectó que el problema no era transportar la carta
El cambio decisivo se produjo en Reino Unido en 1837. Ese año, Rowland Hill, un maestro inglés, publicó Post Office Reform, un trabajo en el que examinaba los costes del servicio postal y cuestionaba el modelo utilizado hasta entonces.
Hill llegó a una conclusión fundamental: transportar físicamente una carta representaba una parte pequeña del coste total. Buena parte del gasto procedía de la burocracia necesaria para calcular y gestionar las tarifas, que dependían de factores como la distancia.
Su propuesta buscaba eliminar esa complejidad. En lugar de mantener numerosas tablas de precios, defendió una tarifa uniforme para los envíos. También propuso sustituir el cobro al destinatario por el pago anticipado.
Para acreditar ese pago se utilizarían sellos adhesivos vendidos en las oficinas de correos. La tarifa básica planteada por Hill era de un penique para cartas de hasta media onza, aproximadamente 14 gramos.
El sello abrió la puerta a un correo mucho más accesible
La reforma comenzó a materializarse en Reino Unido en 1840, cuando se implantó el nuevo sistema y apareció el primer sello postal británico.
El cambio iba más allá de colocar una pequeña pieza de papel sobre un sobre: simplificaba el proceso completo y permitía gestionar un volumen creciente de correspondencia con un procedimiento más sencillo.
El modelo no tardó en despertar interés fuera del país. Sus principales características fueron adoptándose progresivamente en otros territorios. Suiza y Brasil estuvieron entre los primeros en introducir sellos postales en 1843.
Las tarifas reducidas también alcanzaron periódicos y otros materiales impresos. Aunque inicialmente buscaban favorecer la difusión de contenidos educativos, terminaron facilitando la circulación de publicaciones, publicidad y comunicaciones comerciales.
La siguiente transformación llegó en Austria en 1869 con la aparición de la tarjeta postal, una alternativa todavía más económica para enviar mensajes breves. Su formato se extendió durante los años posteriores y terminó estrechamente asociado a los saludos enviados desde viajes y vacaciones.