Parejas de la Historia del Arte.

Las parejas del Arte que cambiaron la Historia con amores, rupturas y genialidad compartida

Pasiones y pinceles: los amores que revolucionaron el arte moderno

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A lo largo del siglo XX, las relaciones entre artistas no solo marcaron enormemente sus respectivas vidas personales, también lo hicieron con los movimientos estéticos que definieron épocas enteras.

La pasión, la admiración mutua y la influencia compartida entre figuras tales como Frida Kahlo y Diego Rivera, Leonora Carrington y Max Ernst, Gerda Taro y Robert Capa, o Jasper Johns y Robert Rauschenberg, dieron lugar a obras que trascendieron lo individual para convertirse en capítulos fundamentales de la Historia del Arte moderno.

Amor y creación en el Nueva York de posguerra

En la década de 1950, Jasper Johns y Robert Rauschenberg protagonizaron una de las relaciones más determinantes dentro del arte contemporáneo estadounidense.

Ambos coincidieron en su rechazo al expresionismo abstracto, entonces estaba dominante en Nueva York, y buscaron nuevas formas de expresión que derivarían en el movimiento neo-Dadá y, más tarde, en los orígenes del pop art.

Durante los seis años que compartieron, su relación sentimental y creativo dio lugar a un intercambio de ideas que impulsó la renovación visual de una generación.

A pesar del clima conservador de la época, mantuvieron su relación en secreto. En un contexto donde la homosexualidad seguía siendo tabú incluso entre los círculos artísticos, su alianza funcionó como un espacio de libertad así como de inspiración.

Rauschenberg, que había estado casado con la artista Susan Weil, encontró en Johns un compañero con quien reinventar el lenguaje plástico. Juntos, sentaron las bases de una nueva sensibilidad que cuestionaría tolas las jerarquías del arte en ese momento y la cultura de masas.

Frida y Diego: el mural de un amor imposible

Si existe una pareja que encarne la fusión entre arte y vida, esa es la de Frida Kahlo y de Diego Rivera. Su historia fue tan tormentosa como rica y fecunda -artísticamente hablando-.

Se conocieron en el año 1922, cuando ella era una joven estudiante fascinada por el muralismo revolucionario del pintor. Siete años después, en el año 1929, se casaron, dando inicio a una relación marcada por los contrastes: la fragilidad física y emocional de Frida frente al carácter imponente y desbordante de Diego.

Ambos artistas compartían una misma visión política y estética que era el arte como reflejo del pueblo mexicano. Pero también vivieron episodios de dolor y ruptura, plagados de infidelidades.

Se divorciaron en  el año 1939, solo para volver a casarse un año más tarde. Kahlo plasmó su sufrimiento y admiración en autorretratos icónicos, mientras Rivera expresaba en sus murales el impacto de su compañera en su obra.

“Diego fue el peor accidente de mi vida”, escribiría ella, donde resumía con ironía la intensidad de un amor que se volvió inseparable de su pintura.

Leonora Carrington y Max Ernst, surrealismo y locura

La relación entre Leonora Carrington y Max Ernst unió dos mentes que resultaban visionarias del surrealismo europeo. Se conocieron en Inglaterra en el año 1937 y su conexión fue inmediata.

Él, veintisiete años mayor, la introdujo en un mundo de símbolos oníricos y libertad creativa. Pero la Segunda Guerra Mundial los separó abruptamente. Ernst fue encarcelado en Francia; Leonora, sumida en una crisis nerviosa, fue internada en un psiquiátrico en Santander.

De aquella experiencia surgiría su obra más personal, Memorias de abajo, un testimonio que combina arte, pero también locura y resistencia.

Aunque sus caminos divergieron —ella se casó con el diplomático mexicano Renato Leduc y él con Peggy Guggenheim, más tarde con Dorothea Tanning—, ambos siguieron siendo parte del de la cultura surrealista que marcó el siglo.

Gerda Taro y Robert Capa: el amor entre balas

Pocas historias de amor son tan intensas y trágicas como la de Gerda Taro y Robert Capa, pioneros del fotoperiodismo de guerra. Ambos eran judíos exiliados en París, crearon juntos una identidad profesional compartida: “Capa”, un seudónimo que los lanzaría a la fama como pareja de fotógrafos tremendamente comprometidos con su tiempo.

En el año 1936 viajaron a España para documentar la Guerra Civil, donde retrataron el drama humano del conflicto.

Gerda, convertida en la primera fotoperiodista muerta en combate, perdió la vida en la batalla de Brunete (Madrid, España) en el año 1937, con solo 26 años. Su muerte dejó a Capa devastado, pero también consolidó el mito de una pareja unida por la mirada y la valentía.

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