Leonardo da Vinci diseñó este puente hace más de 500 años: el MIT ha demostrado que podía funcionar
Leonardo da Vinci propuso en 1502 una estructura gigantesca para salvar el Cuerno de Oro
Cuando Leonardo da Vinci presentó al sultán otomano Bayezid II el diseño de un puente para atravesar el Cuerno de Oro, en la actual Estambul, planteó una solución que se alejaba radicalmente de los puentes habituales de comienzos del siglo XVI.
La propuesta no salió adelante. Sin embargo, más de 500 años después, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) decidieron enfrentarse a una pregunta que seguía abierta: ¿era aquella estructura realmente viable o Leonardo había llevado demasiado lejos su imaginación como ingeniero?
La respuesta obtenida por el equipo fue favorable a Leonardo. El modelo construido por los investigadores se sostuvo una vez retirado el soporte utilizado durante el montaje y mostró que la geometría planteada por el florentino podía proporcionar la estabilidad necesaria.
Un puente descomunal de Leonardo da Vinci para la ingeniería de 1502
Bayezid II buscaba en 1502 un proyecto que permitiera conectar Estambul con Gálata mediante un puente sobre el Cuerno de Oro. Leonardo respondió con una propuesta acompañada de un pequeño dibujo y una descripción dirigida al sultán.
El proyecto no fue seleccionado, pero sus dimensiones lo convertían en una obra extraordinariamente ambiciosa para aquel momento.
Según el análisis publicado por el MIT en 2019, la luz proyectada habría sido aproximadamente diez veces superior a la de los puentes habituales de la época. De haberse levantado, habría constituido el puente con el vano más largo de su tiempo.
Una de sus grandes diferencias estaba en la forma. Frente a la sucesión de arcos semicirculares y pilares utilizada en muchas construcciones tradicionales, Leonardo dibujó un enorme arco aplanado capaz de salvar la distancia y dejar espacio suficiente para la navegación.
También pensó en otro problema fundamental: los desplazamientos laterales. Su propuesta incorporaba estribos que se abrían hacia los lados para estabilizar la estructura, una característica que llamó especialmente la atención de los investigadores modernos.
El MIT convirtió el dibujo de Leonardo en 126 piezas
Leonardo no dejó instrucciones detalladas sobre el material ni sobre el procedimiento exacto de construcción. Por eso, el equipo formado por Karly Bast, el profesor John Ochsendorf y la entonces estudiante Michelle Xie estudió tanto los documentos disponibles como los materiales y métodos constructivos de comienzos del siglo XVI.
Su conclusión fue que una construcción semejante habría tenido que realizarse en piedra. El principio era especialmente interesante: como en los antiguos puentes de mampostería, las piezas podían mantenerse juntas gracias a la compresión y a la gravedad, sin necesidad de sujetarlas mediante elementos modernos.
Para comprobarlo, los investigadores dividieron digitalmente la compleja geometría en 126 bloques y los fabricaron mediante impresión 3D. El resultado fue un modelo a escala 1:500 de unos 81 centímetros de longitud. Cada bloque necesitó alrededor de seis horas de impresión.
La prueba decisiva llegó después del ensamblaje. Al retirar el andamiaje provisional, el puente permaneció en pie. El experimento no demuestra cómo se habría comportado durante siglos una construcción real sometida a todas las condiciones ambientales posibles, pero sí confirmó que el principio estructural concebido por Leonardo era sólido y que podía sostenerse mediante su propia geometría.
La idea terminó cruzando una carretera en Noruega
El experimento del MIT no ha sido la única ocasión en la que el proyecto abandonó el papel. En Ås, Noruega, existe desde 2001 un puente peatonal inspirado en el diseño de Leonardo, impulsado por el artista noruego Vebjørn Sand.
La construcción cruza la carretera E18 y tiene 108 metros de longitud, aunque utiliza materiales modernos y no constituye una reproducción de la solución de mampostería que analizaron los investigadores estadounidenses.
Su estructura recurre a grandes elementos de madera laminada y adapta el concepto renacentista a las necesidades contemporáneas.
Precisamente por esa diferencia, el equipo del MIT quiso ir un paso más allá. No pretendía simplemente construir otro puente inspirado en sus formas, sino comprobar si la propuesta podía funcionar con principios y materiales compatibles con la época de Leonardo.
El resultado ofrece una perspectiva singular sobre un proyecto que quedó descartado hace más de cinco siglos. Leonardo no disponía de simulaciones informáticas, impresión 3D ni de la ingeniería estructural moderna.
Pese a ello, la prueba realizada a partir de su dibujo indica que detrás de aquel enorme arco de 1502 había algo más que una forma atrevida: existía un planteamiento estructural capaz de sostenerse.