Animales que se ha tratado de recuperar como el mamut o el bucardo.
Diferentes animales que se han intentado desextinguir.

Los científicos ya demostraron que pueden resucitar animales extintos, pero surge una gran duda

La desextinción deja de ser una fantasía: la ciencia ya ha demostrado que devolver una especie extinta es técnicamente posible

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El nacimiento del bucardo clonado abrió una nueva etapa en la investigación genética, mientras el debate científico se centra ahora en los límites éticos y ecológicos de recuperar animales desaparecidos.

Durante décadas, la posibilidad de devolver a la vida una especie extinguida perteneció al terreno de la ciencia ficción. Pero los avances en genética, clonación, ADN antiguo y biotecnología han cambiado ese escenario hasta convertir la desextinción en una línea de investigación real.

Aunque todavía existen enormes limitaciones técnicas y biológicas, varios proyectos internacionales han demostrado que recuperar, al menos parcialmente, especies desaparecidas ya no es una hipótesis imposible.

El debate ha dejado de centrarse únicamente en si la ciencia puede lograrlo para trasladarse a una cuestión mucho más compleja: si realmente merece la pena hacerlo.

El bucardo protagonizó el primer intento exitoso de recuperar una especie extinguida

Uno de los hitos más importantes de este campo se produjo en España. El bucardo, una subespecie de cabra montés que habitó los Pirineos durante siglos, desapareció oficialmente en el año 2000 tras la muerte de Celia, la última hembra conocida.

Antes de su fallecimiento se habían conservado muestras de sus células, una decisión que acabaría siendo determinante. Tres años después, un equipo de investigadores utilizó ese material genético para desarrollar un proyecto de clonación mediante transferencia nuclear.

El procedimiento consistió en introducir el núcleo de una célula del bucardo en un óvulo de cabra doméstica previamente vaciado de su ADN e implantar después el embrión en una madre sustituta.

El experimento culminó con el nacimiento de una cría de bucardo en 2003, convirtiéndose en la primera especie extinguida que regresaba brevemente a la vida.

Cabe decir que el animal falleció apenas unos minutos después debido a una grave malformación pulmonar. A pesar de ese desenlace, el experimento supuso una prueba de enorme relevancia científica: la desextinción era técnicamente viable, aunque todavía muy lejos de convertirse en una herramienta aplicable de forma habitual.

Del mamut al dodo: los animales que concentran los mayores esfuerzos científicos

Desde entonces, distintos equipos de investigación han ampliado el foco hacia otras especies desaparecidas. El mamut lanudo figura entre los proyectos más conocidos gracias a la conservación de restos congelados en el permafrost siberiano, donde aún pueden recuperarse fragmentos de ADN relativamente bien preservados.

Junto al mamut aparecen de forma recurrente otros candidatos como el tilacino o tigre de Tasmania, el dodo, la paloma pasajera norteamericana y la rana gástrica del sur, cuya biología singular ha despertado un gran interés entre los investigadores.

En algunos casos se persigue reconstruir genéticamente la especie mediante edición del genoma; en otros, el objetivo consiste en obtener animales con características muy similares mediante programas de selección genética.

La elección de estas especies no responde únicamente a la disponibilidad de material genético. También influyen factores como el impacto mediático, el interés social, el coste de los proyectos o la posibilidad de que esos animales desempeñen un papel ecológico relevante si algún día pudieran volver a su hábitat.

No obstante, muchos especialistas recuerdan que reconstruir el genoma constituye solo una parte del problema. También sería necesario garantizar poblaciones viables, diversidad genética suficiente y ecosistemas capaces de acoger nuevamente a esas especies.

El verdadero desafío comienza después del laboratorio

Los avances tecnológicos han abierto posibilidades inéditas, pero también han intensificado el debate sobre las consecuencias de la desextinción. Numerosos investigadores sostienen que los recursos económicos destinados a estos proyectos podrían resultar más útiles si se invirtieran en proteger especies actualmente amenazadas antes de que desaparezcan.

También existen dudas sobre el comportamiento que tendrían estos animales en ecosistemas profundamente transformados por la actividad humana. En muchos casos, los paisajes que conocieron hace siglos ya no existen o han cambiado por completo debido a la urbanización, la agricultura, la contaminación o el cambio climático.

La experiencia demuestra además que devolver un animal a la vida no significa asegurar su supervivencia. Si continúan presentes las mismas amenazas que provocaron su desaparición, el riesgo de una nueva extinción seguiría siendo elevado.

Por ese motivo, buena parte del debate científico ha dejado de centrarse exclusivamente en la capacidad tecnológica para recuperar especies perdidas.

La cuestión de fondo consiste ahora en determinar cuándo esa intervención puede contribuir realmente a la conservación de la biodiversidad y cuándo, por el contrario, supone desviar esfuerzos que podrían proteger a miles de especies que todavía siguen vivas.