Los mayores impostores de la historia: las increíbles mentiras que cambiaron el destino de países
De la Persia antigua a los grandes fraudes del siglo XX, estos personajes lograron convencer a reyes, gobiernos y miles de personas de que eran quienes nunca fueron
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Las historias de personas que asumieron identidades ajenas no son exclusivas de la ficción. A lo largo de los siglos, distintos individuos consiguieron hacerse pasar por herederos al trono, nobles, supervivientes de tragedias históricas o incluso artistas de éxito.
Algunos buscaban alcanzar el poder, otros pretendían obtener dinero o reconocimiento, y unos pocos actuaban simplemente para sobrevivir. Sus casos terminaron dejando una profunda huella en la historia y, en algunos casos, todavía generan debate entre los investigadores.
Del trono de Persia a las cortes europeas
Uno de los episodios más antiguos atribuidos a un impostor sitúa su origen en el siglo VI antes de Cristo. Según la inscripción de Behistún, Gaumata aprovechó la ausencia del rey Cambises II para presentarse como Bardiya, hermano del monarca persa, cuya muerte había permanecido en secreto.
La maniobra le permitió ocupar el trono durante un breve periodo, hasta que fue derrotado por Darío I. Sin embargo, algunos historiadores consideran que el propio Darío pudo haber exagerado o incluso inventado esta historia para justificar su llegada al poder.
Muchos siglos después, otro supuesto heredero desafió a la monarquía inglesa. Perkin Warbeck aseguró ser Ricardo de Shrewsbury, uno de los desaparecidos "Príncipes de la Torre".
Su reclamación reunió apoyos suficientes como para inquietar al rey Enrique VII, aunque finalmente fue capturado y ejecutado tras fracasar en su intento de hacerse con la Corona.
En Francia también surgieron aspirantes al trono. El más conocido fue Karl Wilhelm Naundorff, un relojero prusiano que defendió durante años ser Luis XVII, el hijo de Luis XVI y María Antonieta, fallecido oficialmente siendo un niño durante la Revolución Francesa. Incluso emprendió acciones legales para que se reconocieran sus derechos dinásticos.
Mujeres que construyeron nuevas identidades
Entre los casos más singulares figura el de Catalina de Erauso, conocida como la Monja Alférez. Tras abandonar el convento en el que había ingresado siendo muy joven, adoptó identidad masculina y utilizó distintos nombres durante su carrera militar en América.
Su historia mezcla hechos documentados con episodios cuya autenticidad sigue siendo discutida, pero terminó siendo reconocida por Felipe IV e incluso obtuvo autorización papal para continuar vistiendo ropa masculina.
Otro engaño que despertó enorme curiosidad fue el protagonizado por Mary Baker, una inglesa que en 1817 convenció a numerosos vecinos de que era la exótica princesa Caraboo, supuesta noble procedente de una isla del Pacífico que había escapado de unos piratas.
El fraude se descubrió poco después, aunque la historia alcanzó gran popularidad en la época.
Décadas más tarde, Anna Anderson sostuvo durante años que era Anastasia Romanov, hija del último zar ruso. Su relato alimentó durante décadas el misterio sobre el destino de la familia imperial, hasta que investigaciones posteriores y pruebas genéticas descartaron definitivamente aquella posibilidad.
Fraudes modernos que sorprendieron al mundo
El siglo XX dejó algunos de los casos más conocidos. En España, Enric Marco llegó a convertirse en una referencia para las asociaciones de víctimas del nazismo gracias a un relato falso sobre su supuesto paso por un campo de concentración alemán.
La mentira salió a la luz en 2005, revelando que nunca había vivido la experiencia que narraba públicamente.
Otro nombre inseparable del engaño es el del francés Frédéric Bourdin, conocido como "El Camaleón". Las autoridades le atribuyen centenares de identidades falsas.
Su episodio más famoso ocurrió cuando consiguió convencer durante meses a la familia del joven estadounidense Nicholas Barclay de que él era el adolescente desaparecido años antes, pese a las evidentes diferencias físicas.
El ámbito musical también protagonizó uno de los mayores escándalos de impostura artística. El dúo Milli Vanilli, formado por Rob Pilatus y Fab Morvan, conquistó las listas internacionales a finales de los años ochenta antes de descubrirse que ninguno de los dos interpretaba realmente las canciones de sus discos.
El caso provocó la retirada de su premio Grammy y quedó como uno de los fraudes más sonados de la historia reciente de la industria musical.
Aunque los contextos y las motivaciones fueron muy diferentes, todos estos episodios muestran hasta qué punto una identidad falsa puede alterar acontecimientos políticos, sociales o culturales.
Algunos engaños apenas duraron unos días; otros sobrevivieron durante décadas antes de ser desmontados, dejando tras de sí historias que todavía hoy siguen despertando interés entre historiadores y especialistas.