La dinastía de los Tudor.

Los Tudor: la dinastía que llegó al trono tras una batalla y acabó rompiendo con Roma

Enrique VII fundó una casa real con una legitimidad discutida; su hijo Enrique VIII rompió con Roma y sus nietas María I e Isabel I llevaron al reino por caminos religiosos enfrentados antes de que la dinastía desapareciera en 1603

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La historia de los Tudor comenzó en un campo de batalla y terminó, poco más de un siglo después, con una reina sin descendencia. Entre ambos momentos, Enrique VII, Enrique VIII, María I e Isabel I protagonizaron una etapa decisiva para Inglaterra.

La disputa por la Corona, la ruptura con Roma, los conflictos religiosos y una sucesión marcada por la falta de herederos convirtieron a esta familia en una de las dinastías más determinantes de la monarquía inglesa.

Una victoria militar llevó a Enrique VII hasta la Corona

El origen del poder Tudor se encuentra en la batalla de Bosworth, librada el 22 de agosto de 1485. Enrique Tudor, que había pasado años en el exilio y contaba con un derecho al trono discutible, desembarcó en Inglaterra para enfrentarse a Ricardo III.

La derrota y muerte del monarca de la casa de York abrió el camino para que su rival fuera coronado como Enrique VII.

El nuevo rey necesitaba algo más que una victoria militar para estabilizar su posición. Su matrimonio con Isabel de York contribuyó a unir simbólicamente las dos familias enfrentadas durante las llamadas Guerras de las Rosas: Lancaster y York.

Enrique VII dedicó buena parte de su reinado a proteger una Corona que seguía amenazada por rivales dinásticos y conspiraciones. También reforzó la autoridad real y buscó alianzas matrimoniales para asegurar la posición internacional de su familia.

Una de ellas fue el matrimonio de su hijo Arturo con Catalina de Aragón. La temprana muerte del príncipe acabaría situando en primera línea a su hermano menor, el futuro Enrique VIII.

Enrique VIII convirtió un problema sucesorio en una ruptura histórica

Cuando Enrique VIII llegó al trono en 1509, la continuidad de los Tudor volvió a convertirse en una cuestión central. Su matrimonio con Catalina de Aragón tuvo varios embarazos, pero solo una hija, María, sobrevivió hasta la edad adulta. La ausencia de un heredero varón terminó condicionando el rumbo político y religioso del reino.

Enrique intentó conseguir la anulación de su matrimonio para poder casarse con Ana Bolena. Ante la imposibilidad de obtenerla de Roma, el conflicto terminó desembocando en la ruptura de la monarquía inglesa con la autoridad papal.

En 1534, el Acta de Supremacía reconoció al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. La decisión tuvo consecuencias mucho mayores que las de un conflicto matrimonial: modificó la relación entre religión y poder político y abrió una etapa de profundas transformaciones.

Ana Bolena tampoco proporcionó al monarca el hijo que esperaba. Dio a luz a Isabel, futura reina, y fue ejecutada en 1536 después de ser acusada de varios delitos, entre ellos adulterio y traición. Enrique VIII se casaría seis veces y finalmente tendría un heredero masculino, Eduardo VI, con Jane Seymour.

De María e Isabel al final de los Tudor

La muerte de Enrique VIII en 1547 no resolvió las tensiones religiosas. Tras el breve reinado de Eduardo VI y la crisis sucesoria posterior, María I llegó al trono en 1553. Hija de Catalina de Aragón, trató de restaurar el catolicismo y restableció la relación con Roma. Durante su gobierno se produjeron persecuciones y ejecuciones de protestantes que marcaron su imagen histórica.

María murió sin descendencia en 1558. La Corona pasó entonces a su hermanastra Isabel I, hija de Ana Bolena, que volvió a establecer una Iglesia inglesa independiente de Roma.

Isabel tampoco tuvo hijos. Su largo reinado estuvo además condicionado por amenazas internas y exteriores y por la figura de María Estuardo, reina de Escocia y aspirante católica al trono inglés. María permaneció durante años bajo custodia en Inglaterra y fue ejecutada en 1587 tras quedar vinculada al complot de Babington contra Isabel.

Cuando Isabel I murió en 1603, la línea Tudor se extinguió después de 118 años en el trono. La Corona pasó precisamente al hijo de María Estuardo, Jaime VI de Escocia, que se convirtió también en Jaime I de Inglaterra.

Comenzaba así la etapa de los Estuardo y terminaba una dinastía nacida de una victoria militar que había transformado la monarquía, la sucesión y la estructura religiosa de Inglaterra.

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