Vikingo con pintura de guerra y cuenco con setas alucinógenas.
Guerrero vikingo y un cuenco con comida alucinógena.

Los vikingos y las drogas: la teoría que explicaría la furia de los berserkers

El enigma de los vikingos y las drogas rituales: qué hay de verdad en la teoría de los guerreros alucinados

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Durante décadas, la imagen de los vikingos quedó reducida a una caricatura de guerreros salvajes capaces de entrar en combate sin miedo al dolor ni a la muerte.

Pero las nuevas revisiones históricas y estudios sobre prácticas chamánicas han reabierto un viejo debate: si algunos grupos escandinavos utilizaban sustancias alucinógenas antes de las batallas.

La teoría gira en torno a los berserkers, combatientes de élite asociados a episodios de violencia extrema y estados de trance descritos en antiguos textos nórdicos.

Los investigadores coinciden en que no existen pruebas definitivas sobre el uso de drogas en combate, pero sí evidencias culturales y etnobotánicas que han mantenido viva la hipótesis desde el siglo XVIII.

El debate vuelve ahora al centro de la discusión histórica por el interés creciente en las prácticas rituales de los pueblos de Noruega, Suecia y Dinamarca durante la Edad Vikinga.

El origen de la teoría sobre los guerreros vikingos en trance

La idea de que los berserkers combatían bajo efectos alucinógenos no es reciente. En 1784, el teólogo sueco Samuel Ödman planteó que estos guerreros consumían Amanita muscaria, una seta rojiza conocida popularmente como matamoscas. Según su interpretación, la mezcla provocaba agresividad, euforia y una sensación de invulnerabilidad antes de la batalla.

La teoría ganó popularidad porque parecía encajar con los relatos medievales que describían a combatientes capaces de luchar sin sentir dolor y de entrar en estados de furia casi irracional. La Amanita muscaria contiene ácido iboténico y muscimol, compuestos psicoactivos que alteran la percepción y el comportamiento.

Pero muchos historiadores consideran insuficiente esta explicación. El principal problema es que no existen documentos vikingos que mencionen directamente el consumo de este hongo antes de los combates.

Igualmente, los efectos físicos de la Amanita son imprevisibles y pueden incluir vómitos, visión borrosa, debilidad muscular e incluso parálisis temporal, síntomas poco compatibles con una batalla real.

El especialista Mike Jay, autor de varios estudios sobre drogas y cultura, sostiene que la relación entre los berserkers y los hongos alucinógenos se apoya más en interpretaciones modernas que en pruebas arqueológicas sólidas.

El beleño negro y las prácticas chamánicas

En los últimos años apareció una segunda hipótesis considerada más plausible por algunos investigadores. El etnobotánico Karsten Fatur propuso que los vikingos pudieron utilizar beleño negro, una planta rica en alcaloides con efectos psicotrópicos y sedantes.

Esta especie, empleada históricamente en rituales chamánicos y prácticas medicinales, produce desorientación, agresividad y alteraciones de conciencia.

El beleño negro también tuvo presencia documentada en bebidas fermentadas medievales. Algunos estudios sugieren que podía mezclarse con cerveza para potenciar sus efectos. Eso encajaría mejor con la cultura festiva y ceremonial asociada a determinados grupos guerreros escandinavos.

Los expertos recuerdan que la sociedad vikinga era mucho más compleja de lo que suele mostrar la ficción contemporánea. Además de guerreros, los pueblos nórdicos eran comerciantes, navegantes y agricultores. Fundaron ciudades, establecieron rutas comerciales y participaron activamente en la configuración política de territorios europeos como Inglaterra o Irlanda.

De los rituales nórdicos al mito de Santa Claus

La discusión sobre las drogas rituales vikingas también terminó conectándose con una de las leyendas más conocidas de Occidente: la de Santa Claus y sus renos voladores. Algunos antropólogos relacionan este mito con ceremonias chamánicas practicadas por pueblos del norte de Eurasia, especialmente en regiones cercanas a Laponia.

Diversas tribus utilizaban hongos alucinógenos en rituales invernales y observaban comportamientos alterados en los renos tras ingerir estas sustancias. De ahí surgió la teoría de que ciertas visiones asociadas a vuelos, espíritus y animales fantásticos pudieron incorporarse después a tradiciones navideñas europeas.

Aunque la conexión entre los vikingos y estas prácticas sigue siendo discutida, el consenso académico actual es claro en un punto: no hay pruebas concluyentes que permitan afirmar que los berserkers combatían drogados.

Lo que sí muestran las investigaciones recientes es que las sociedades escandinavas mantenían una relación estrecha con rituales chamánicos, plantas psicoactivas y creencias simbólicas que todavía hoy alimentan parte del imaginario popular sobre el mundo vikingo.