Luchó junto a Juana de Arco y acabó convertido en uno de los mayores asesinos de la Historia
El mariscal de Francia pasó de convertirse en una de las figuras militares más prometedoras del siglo XV a protagonizar uno de los procesos criminales más impactantes de la Europa medieval
Pocos personajes de la historia reúnen una trayectoria tan contradictoria como Gilles de Rais. Recordado por combatir junto a Juana de Arco durante la fase final de la Guerra de los Cien Años, este aristócrata francés alcanzó la máxima distinción militar de su país cuando apenas tenía 25 años.
Pero su nombre quedó definitivamente ligado a un proceso judicial que lo acusó del asesinato de más de un centenar de menores, un caso que sigue siendo objeto de estudio por historiadores y criminólogos casi seis siglos después.
Gilles de Rais, comandante de Juan de Arco, destacado en la Guerra de los Cien Años a mariscal de Francia
Nacido en el año 1405 en el seno de una poderosa familia noble, Gilles de Rais destacó desde muy joven por su capacidad militar.
En le transcurso de la campaña encabezada por Juana de Arco participó en algunas de las operaciones más decisivas del conflicto entre Francia e Inglaterra, incluido el levantamiento del asedio de Orleans en 1429, uno de los episodios que cambió el rumbo de la guerra.
Su cercanía con la llamada Doncella de Orleans fue notable durante aquellas campañas. Las fuentes históricas coinciden en que formó parte de su entorno militar y que intervino en varias acciones de gran relevancia, méritos que contribuyeron a que recibiera el título de mariscal de Francia, una de las mayores distinciones concedidas por la Corona francesa.
Tras la captura y posterior ejecución de Juana de Arco en 1431, la carrera pública de Gilles de Rais tomó un rumbo muy diferente.
Alejado progresivamente de la actividad militar, comenzó a dilapidar gran parte de su enorme fortuna y se rodeó de personas vinculadas a prácticas esotéricas, alquimia y supuestas ceremonias ocultistas, según recogen diversos documentos de la época.
Las acusaciones que marcaron uno de los procesos más célebres de la Edad Media
Los testimonios conservados sitúan el inicio de las desapariciones de menores varios años antes de su arresto. Según las declaraciones recogidas durante el proceso judicial, las víctimas eran captadas principalmente en aldeas y zonas rurales antes de ser trasladadas a algunas de las propiedades del noble.
La documentación del juicio sostiene que muchos de esos menores fueron sometidos a abusos y asesinados en habitaciones reservadas dentro de sus castillos.
Los investigadores de la época atribuyeron a Gilles de Rais la muerte de más de un centenar de niños, aunque el número exacto nunca pudo establecerse con certeza debido a la ausencia de restos materiales y a la posible destrucción de pruebas.
Su detención no se produjo inicialmente por estos crímenes, sino tras un conflicto relacionado con el secuestro de un sacerdote en septiembre del año 1440. Ese episodio permitió abrir una investigación mucho más amplia que terminó incorporando numerosas denuncias y declaraciones de antiguos sirvientes.
El aristócrata fue procesado de forma paralela por un tribunal civil y otro eclesiástico. Entre los cargos figuraban herejía, sodomía y múltiples asesinatos. Durante el procedimiento varios de sus colaboradores declararon en su contra y describieron los supuestos crímenes cometidos durante años.
Un caso que sigue generando debate entre los historiadores
Uno de los aspectos más discutidos del caso es la fiabilidad de las pruebas. Aunque Gilles de Rais confesó los delitos durante el proceso, lo hizo bajo la amenaza de ser sometido a tortura, una práctica habitual en la justicia medieval.
Tampoco se localizaron cuerpos, restos óseos ni otras evidencias físicas que permitieran confirmar de forma concluyente el número de víctimas atribuidas al noble francés.
Esa circunstancia ha llevado a algunos investigadores modernos a cuestionar parte del relato construido durante el juicio, mientras que otros consideran que la abundancia de testimonios y la propia confesión constituyen indicios suficientes para sostener su culpabilidad.
El consenso historiográfico, no obstante, mantiene que Gilles de Rais fue condenado por una sucesión de asesinatos de menores que conmocionó a la Francia del siglo XV.
La sentencia se ejecutó el 26 de octubre de 1440 en Nantes. Gilles de Rais fue condenado a morir ahorcado y posteriormente su cuerpo fue quemado, poniendo fin a la vida de quien había pasado, en apenas una década, de héroe de guerra junto a Juana de Arco a protagonista de uno de los episodios criminales más oscuros documentados en la Europa medieval.