Por qué la Torre de Pisa está inclinada: el error de hace más de 850 años que nadie consiguió corregir
La inclinación del campanario de Pisa comenzó apenas cinco años después del inicio de las obras por un problema en el terreno
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La Torre de Pisa, situada en la Piazza del Duomo de la ciudad italiana de Pisa, es uno de los monumentos más populares y reconocibles de Italia y del mundo precisamente por una característica que nunca estuvo prevista por sus constructores.
Su célebre inclinación no responde a una decisión estética o hecha a posta, sino a un problema estructural detectado durante las primeras fases de la construcción, iniciado en 1173, cuando el terreno comenzó a ceder bajo el peso del edificio.
Lejos de desaparecer con el paso del tiempo, ese fallo inicial marcó la historia del campanario durante siglos. Arquitectos, ingenieros y especialistas trataron de corregir el problema mediante distintas soluciones, aunque ninguna consiguió devolver la torre a una posición completamente vertical.
Paradójicamente, el defecto que amenazó su estabilidad terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocidos del patrimonio italiano.
Pisa: un terreno demasiado blando provocó el problema desde el principio
El proyecto original contemplaba un campanario de planta circular y ocho niveles construido en mármol blanco para acompañar a la catedral de Pisa. Sin embargo, la elección del emplazamiento acabaría siendo determinante para su evolución.
Apenas cinco años después del inicio de las obras, cuando el edificio alcanzaba aproximadamente el tercer nivel, comenzaron a apreciarse los primeros signos de inclinación.
El motivo estaba bajo la superficie: el subsuelo de la zona está formado por capas de arcilla blanda, arena y sedimentos aluviales, materiales incapaces de soportar de forma uniforme una estructura de semejante peso.
La presencia de agua subterránea agravó aún más la situación. Como consecuencia, una parte de la cimentación se hundió más que la otra, produciendo un fenómeno conocido como asentamiento diferencial. Ese desequilibrio hizo que la torre empezara a inclinarse hacia uno de sus lados cuando la construcción todavía estaba lejos de completarse.
La aparición del problema obligó a detener temporalmente las obras mientras los responsables intentaban comprender qué estaba ocurriendo.
En aquella época, los conocimientos sobre geotecnia y comportamiento del terreno eran muy limitados, por lo que no existía una solución clara para corregir el defecto.
Los intentos medievales para corregir la inclinación no funcionaron
La construcción se retomó décadas más tarde bajo la dirección de nuevos responsables. Uno de ellos fue Giovanni di Simone, que trató de compensar la inclinación levantando las plantas superiores con una ligera desviación en sentido contrario.
Aunque la idea buscaba equilibrar visualmente el edificio, el resultado fue insuficiente. El peso adicional terminó incrementando la presión sobre un terreno ya debilitado y la inclinación continuó aumentando.
Con posterioridad, Tommaso di Andrea Pisano completó la torre con el campanario manteniendo una estrategia similar, pero tampoco consiguió solucionar el problema. El edificio quedó terminado con una ligera curvatura visible que todavía hoy puede apreciarse en su estructura.
Durante siglos la Torre de Pisa convivió con esa anomalía mientras especialistas de distintas épocas estudiaban posibles fórmulas para garantizar su conservación sin alterar su aspecto histórico.
La ingeniería moderna consiguió estabilizar el monumento de Pisa
La situación alcanzó un punto especialmente delicado a finales del siglo XX, cuando el aumento progresivo de la inclinación despertó preocupación sobre la estabilidad del monumento.
En la década de 1990 se puso en marcha una intervención internacional de gran complejidad. Los ingenieros recurrieron a una técnica de subexcavación que consistió en retirar cuidadosamente parte del terreno situado bajo el lado opuesto al de la inclinación.
En total se extrajeron alrededor de 38 metros cúbicos de tierra, una actuación que permitió reducir la desviación en aproximadamente 45 centímetros.
Los trabajos también incluyeron la instalación de sistemas de anclaje y cables de acero destinados a reforzar la estabilidad del edificio durante las obras y asegurar su conservación a largo plazo.
Gracias a esas actuaciones, los expertos consideran que el riesgo de colapso disminuyó de forma notable y la torre permanece bajo un programa permanente de vigilancia para controlar cualquier cambio en el comportamiento del terreno.
Más de ocho siglos después del inicio de su construcción, la Torre de Pisa sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Italia. Lo que comenzó como un error de cimentación terminó convirtiéndose en el rasgo arquitectónico que la hizo única y en un ejemplo de cómo la ingeniería ha logrado preservar un edificio histórico sin eliminar la característica que lo hizo famoso.