Napoleón ante la Gran Pirámide y la Esfinge, campaña de Egipto.

Napoleón fracasó en su conquista de Egipto, pero aquella derrota cambió para siempre la Historia de los faraones

La expedición francesa de 1798 nació con objetivos militares frente a Gran Bretaña, pero el trabajo de los científicos que acompañaron al ejército abrió una nueva etapa en el conocimiento del Antiguo Egipto y dejó tras de sí una monumental obra

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La expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto acabó muy lejos del éxito militar que buscaba Francia. Sin embargo, entre soldados viajaban científicos, ingenieros, artistas y especialistas que estudiaron un territorio todavía escasamente documentado desde Europa.

Sus trabajos desembocaron en la Description de l’Égypte y contribuyeron a transformar el interés europeo por la civilización faraónica.

Poco después, el hallazgo de la Piedra de Rosetta y el trabajo de Jean-François Champollion terminarían por abrir una puerta que llevaba siglos cerrada: la lectura de los jeroglíficos.

Napoleón llevó a Egipto algo más que un ejército

La campaña comenzó en 1798 y tenía una clara dimensión estratégica. Francia pretendía golpear los intereses británicos interfiriendo en las comunicaciones y rutas hacia la India.

El propio Museo Británico cifra en unos 40.000 los soldados de la fuerza que llegó a Egipto.

Pero la operación presentó una particularidad poco habitual. Junto al ejército viajó la Comisión de Ciencias y Artes, integrada por más de 160 especialistas de disciplinas muy diferentes.

Había ingenieros, arquitectos, astrónomos, químicos, matemáticos, médicos, naturalistas, dibujantes, grabadores y escultores.

Mientras avanzaba la campaña, aquellos estudiosos midieron, dibujaron y describieron monumentos, paisajes y numerosos aspectos del Egipto de finales del siglo XVIII.

El proyecto no estuvo limitado a las antigüedades: también prestó atención a la naturaleza, los oficios, las costumbres y la sociedad contemporánea.

La derrota francesa frente a fuerzas británicas y otomanas puso fin a la ocupación en 1801. Napoleón, de hecho, había regresado a Francia en 1799. La aventura militar había fracasado, pero la documentación reunida por los especialistas sobrevivió a la campaña.

Una obra gigantesca llevó Egipto hasta Europa

El resultado más visible de aquella misión científica fue la Description de l’Égypte. En febrero de 1802 se ordenó publicar a cargo del Estado los informes, planos, dibujos y demás resultados científicos y artísticos obtenidos durante la expedición.

El proyecto se convirtió en una empresa editorial de enormes dimensiones. La Biblioteca Nacional de Francia conserva centenares de dibujos preparatorios y señala que la Antigüedad ocupó un lugar especialmente importante: cinco de los diez volúmenes de láminas estaban dedicados a ella. Los especialistas habían documentado monumentos desde el delta del Nilo hasta Asuán.

Aquellas imágenes permitieron contemplar con un nivel de detalle extraordinario templos, relieves y construcciones que buena parte del público europeo nunca había visto. La expedición militar quedaba así asociada a un fenómeno científico y cultural de consecuencias mucho más duraderas.

Ese interés, sin embargo, estuvo unido al colonialismo y a la extracción de antigüedades. Tras la derrota francesa de 1801, las piezas reunidas por la expedición que quedaron en Egipto pasaron a manos británicas en virtud de los términos de capitulación. Entre ellas estaba el objeto que se convertiría en una de las piezas arqueológicas más conocidas del mundo.

La Piedra de Rosetta abrió el camino hacia los jeroglíficos

La Piedra de Rosetta, descubierta durante la presencia francesa, resultó decisiva porque conservaba un mismo contenido mediante diferentes sistemas de escritura. Su importancia residía en ofrecer una herramienta excepcional para abordar unos jeroglíficos cuyo significado se había perdido.

La piedra terminó en manos británicas después de la derrota francesa y fue trasladada a Londres. Pero la posibilidad de estudiar sus inscripciones no quedó limitada al objeto original.

En 1822, Champollion presentó el trabajo que marcaría un punto de inflexión en el desciframiento de los jeroglíficos egipcios. La propia Biblioteca Nacional de Francia considera que los trabajos realizados por los científicos de la expedición abrieron el camino que culminó con ese avance.

De aquella campaña concebida para debilitar a Gran Bretaña quedó, por tanto, un legado inesperado. Francia no consiguió consolidar su dominio sobre Egipto, pero los dibujos, mediciones y estudios realizados por los especialistas que acompañaron a sus tropas ayudaron a convertir el pasado faraónico en un campo de investigación sistemática.

La egiptología moderna comenzaba a disponer de las herramientas con las que estudiar una civilización que llevaba siglos despertando fascinación.

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