Ni en el Atlántico ni bajo el mar: dónde creen ahora los expertos que nació el mito de la Atlántida
El origen de una historia que nació como alegoría política
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La historia de la Atlántida lleva más de dos mil años instalada entre la filosofía, la arqueología y la pseudociencia. Aunque la mayoría de historiadores coincide en que nunca existió como territorio real, el relato creado por Platón sigue generando libros, congresos y expediciones en busca de un continente perdido que, según la tradición, desapareció bajo el mar en una sola noche.
La persistencia del mito no se explica solo por la fascinación popular por los enigmas históricos, sino también por la capacidad de esa narración para adaptarse a cada época y alimentar nuevas interpretaciones.
Platón describió la Atlántida en los diálogos Timeo y Critias. Allí hablaba de una gran isla situada más allá de las Columnas de Hércules, identificadas con el actual estrecho de Gibraltar.
Según el filósofo griego, se trataba de una potencia rica y avanzada cuyos habitantes terminaron castigados por los dioses tras dejarse llevar por la soberbia y la ambición militar. La isla acabó hundida por terremotos e inundaciones.
Para muchos especialistas, el relato tenía un objetivo moral y político más que histórico. Platón utilizó la Atlántida como ejemplo de una civilización corrompida por el exceso de poder frente a la Atenas ideal que defendía en sus escritos.
No obstante, el propio filósofo llegó a definir la historia como un relato verdadero, un detalle que durante siglos alimentó la posibilidad de que hubiera algún hecho real detrás de la leyenda.
La Atlántida: como el siglo XIX convirtió el mito en una industria internacional
La Atlántida permaneció durante siglos en el terreno de la literatura y la filosofía, pero el fenómeno cambió radicalmente en el siglo XIX.
En plena expansión de la arqueología y después de hallazgos como el descubrimiento de Troya por Heinrich Schliemann, crecieron las teorías que intentaban demostrar que también el continente descrito por Platón podía haber existido.
Uno de los nombres más influyentes fue el del político estadounidense Ignatius Donnelly, autor del libro Atlántida: el mundo antediluviano, publicado en 1883.
Donnelly defendía que la Atlántida había sido el origen de prácticamente todas las civilizaciones antiguas y sostenía que los supervivientes del cataclismo habían llegado a Europa, África y América.
Sus teorías carecían de base científica, pero tuvieron un enorme impacto popular y marcaron el nacimiento de gran parte de las corrientes esotéricas posteriores relacionadas con continentes perdidos.
A partir de entonces aparecieron relatos paralelos como los de Mu o Lemuria, territorios imaginarios que pretendían explicar similitudes culturales o biológicas entre distintas regiones del planeta.
Algunos autores mezclaron arqueología con ocultismo y teorías raciales. Incluso dirigentes nazis como Heinrich Himmler impulsaron expediciones en busca de supuestos descendientes de los atlantes para sostener sus ideas sobre la raza aria.
La popularidad de estas historias también coincidió con una época marcada por fuertes cambios científicos y sociales. La Revolución Industrial, las teorías de Darwin y los avances geológicos alteraron muchas creencias tradicionales.
En ese marco, los continentes desaparecidos ofrecían una mezcla de misterio, espiritualidad y aventura que encajaba perfectamente en el imaginario de finales del siglo XIX.
La arqueología sigue buscando la Atlántida qué inspiró realmente a Platón
Hoy el debate académico ya no gira en torno a la existencia literal de la Atlántida. La mayor parte de investigadores considera descartada la idea de un continente avanzado hundido en el océano. Lo que sigue generando interés es identificar qué acontecimientos reales pudieron inspirar el relato de Platón.
Una de las hipótesis más aceptadas relaciona el mito con la civilización minoica y la gran erupción volcánica ocurrida en la isla de Santorini, conocida antiguamente como Tera, hacia los años 1627 y 1628 antes de Cristo.
Aquella explosión provocó tsunamis y una enorme destrucción en el Mediterráneo oriental. Algunos historiadores creen que el recuerdo de esa catástrofe pudo transmitirse durante siglos hasta transformarse en la narración filosófica que terminó escribiendo Platón.
Pese a ello, las teorías alternativas continúan apareciendo de forma periódica. Hay quienes sitúan la Atlántida en el Sáhara, en el Atlántico, en el Caribe o incluso vinculada a civilizaciones extraterrestres. Ninguna de esas propuestas ha aportado pruebas concluyentes.
Pese a todo ello, el mito mantiene intacta su capacidad para atraer lectores, alimentar documentales y sostener una industria cultural que sigue creciendo más de dos mil años después de que un filósofo griego imaginara una isla imposible.