Reconstrucción por IA del que pudo ser Jack "el Destripador".

Una imagen creada con IA pone rostro al hombre que podría ser Jack 'el Destripador'

El nuevo rostro de Jack el Destripador: la teoría que vuelve a señalar a Aaron Kosminski

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Un retrato generado con inteligencia artificial, nuevas revisiones forenses y el análisis de un chal encontrado junto a una de las víctimas han vuelto a colocar a Aaron Kosminski, Jack el Destripador, Whitechapel y Russell Edwards en el centro de uno de los mayores enigmas criminales de la historia.

Más de 130 años después de los asesinatos que aterrorizaron el este de Londres, la posibilidad de poner nombre y rostro al asesino sigue dividiendo a investigadores, historiadores y expertos forenses.

Jack "el Destripador": el retrato digital que reabrió el caso

La teoría que apunta a Aaron Kosminski como principal sospechoso no es nueva, pero volvió a cobrar fuerza tras la publicación de un nuevo trabajo del investigador británico Russell Edwards.

El autor, conocido por defender desde hace años que el inmigrante polaco fue el responsable de los crímenes de 1888, presentó en 2024 una reconstrucción facial elaborada mediante inteligencia artificial y análisis genético familiar.

La imagen muestra a un hombre joven, de rostro afilado, mirada fija y rasgos marcados. Según Edwards, el retrato se realizó a partir de fotografías de familiares de Kosminski y programas capaces de proyectar características hereditarias sobre una recreación histórica.

El objetivo era ofrecer, por primera vez, una aproximación visual de cómo habría lucido el principal sospechoso durante la época de los asesinatos.

La difusión de la imagen provocó un fuerte impacto entre los aficionados al true crime y reactivó el debate sobre la identidad del asesino.

Para Edwards, la combinación de pruebas históricas y análisis genéticos deja pocas dudas. Sin embargo, la comunidad científica mantiene reservas importantes sobre el alcance real de esas evidencias.

Los asesinatos atribuidos a Jack el Destripador ocurrieron entre agosto y noviembre de 1888 en Whitechapel, un barrio marcado entonces por la pobreza, la violencia y la inmigración masiva.

Las víctimas, en su mayoría prostitutas, aparecieron mutiladas en plena vía pública, lo que convirtió el caso en uno de los episodios criminales más mediáticos de la era victoriana.

El chal con ADN que desató la controversia

El principal argumento de Edwards apareció en 2014, cuando aseguró haber identificado al asesino gracias a un análisis de ADN practicado sobre un chal supuestamente hallado junto al cuerpo de Catherine Eddowes, una de las víctimas atribuidas al Destripador.

La prenda fue sometida a pruebas junto al especialista en biología molecular Jari Louhelainen. Los análisis detectaron ADN mitocondrial que, según los investigadores, coincidía tanto con descendientes de Eddowes como con familiares de la hermana de Kosminski.

Esa coincidencia genética fue presentada como una prueba clave para relacionar al inmigrante polaco con los crímenes.

Pero las conclusiones nunca fueron aceptadas de forma unánime. Diversos expertos cuestionaron la fiabilidad de las muestras y recordaron que el chal habría pasado por numerosas manos durante más de un siglo.

La falta de una cadena de custodia documentada también debilitó la teoría, ya que no existe constancia policial definitiva de que la prenda perteneciera realmente a la escena del crimen.

En 2019, nuevos análisis publicados en revistas forenses revisadas por especialistas volvieron a poner en duda la solidez de aquellas pruebas. Algunos científicos señalaron que el ADN mitocondrial no permite identificar de forma exclusiva a una persona y que los resultados podían coincidir con miles de individuos.

Quién fue Aaron Kosminski y por qué sigue siendo sospechoso

Aaron Kosminski nació en 1865 en una zona de Polonia controlada entonces por el Imperio ruso. Llegó a Londres junto a su familia huyendo de la persecución y terminó instalándose en Whitechapel, donde trabajó como barbero.

Los registros médicos muestran que sufrió graves problemas mentales durante su juventud. En 1891 fue internado en el asilo de Colney Hatch después de amenazar con un cuchillo a una de sus hermanas. Los informes describían comportamientos paranoides, alucinaciones y episodios de agresividad.

Su nombre empezó a aparecer en documentos policiales años después de los asesinatos. Altos mandos de Scotland Yard, entre ellos Robert Anderson y Donald Swanson, lo mencionaron como uno de los sospechosos más relevantes investigados por la policía victoriana.

Pese a ello, nunca fue acusado formalmente. Tampoco existieron testigos directos ni pruebas materiales concluyentes que permitieran relacionarlo con las escenas de los crímenes. Esa ausencia de evidencias definitivas explica por qué el caso continúa abierto en términos históricos.

La reconstrucción facial presentada por Edwards ha devuelto el rostro de Kosminski a la conversación pública, pero no ha cerrado el debate. Mientras algunos investigadores consideran que las pruebas acumuladas apuntan cada vez más hacia él, otros sostienen que el misterio de Jack el Destripador sigue sin resolverse de manera concluyente.

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