Cómo refrescar la casa.

Cómo bajar la temperatura de casa cuando hace mucho calor: estos gestos funcionan de verdad

Cerrar persianas durante las horas de sol, aprovechar el aire nocturno y reducir las fuentes de calor dentro de la vivienda son algunas recomendaciones

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Cuando el calor aprieta en el verano, sobre todo en el andaluz, conseguir que la casa no acumule grados desde primera hora puede marcar una diferencia importante durante el resto del día.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Sanidad y el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) vienen a coincidir en varias medidas sencillas: impedir la entrada directa del sol, ventilar cuando el exterior está más fresco y utilizar con criterio ventiladores o aire acondicionado.

Son hábitos que no requieren grandes cambios en la vivienda y que pueden ayudar a mejorar el confort térmico durante los episodios de calor.

Persianas abajo y ventanas cerradas cuando fuera hace más calor

Uno de los errores habituales del verano es mantener las ventanas abiertas durante todo el día con la intención de crear corriente. La estrategia puede tener el efecto contrario si el aire exterior está más caliente que el del interior.

Sanidad recomienda bajar las persianas cuando el sol incide directamente sobre las ventanas y evitar abrirlas mientras la temperatura exterior sea elevada. El IDAE también señala que bajar toldos y cerrar persianas son hábitos eficaces para reducir el calentamiento de la vivienda.

La OMS sigue la misma lógica: durante las horas más calurosas aconseja cerrar las ventanas y protegerlas con persianas o contraventanas para bloquear la radiación solar. La ventilación debe reservarse para la noche o las primeras horas de la mañana, cuando el aire exterior está más fresco y puede utilizarse para evacuar parte del calor acumulado.

También conviene limitar las fuentes de calor que funcionan dentro de casa. Televisores, ordenadores, iluminación y otros equipos eléctricos desprenden energía mientras están encendidos. La OMS aconseja apagar tantos dispositivos como resulte posible durante los periodos de temperaturas elevadas.

El ventilador puede ser suficiente en muchas situaciones

Antes de recurrir directamente al aire acondicionado, un ventilador puede mejorar considerablemente la sensación térmica. El IDAE indica que el movimiento del aire puede generar una sensación equivalente a un descenso de entre 3 y 5 grados, con un consumo eléctrico reducido frente a otros sistemas de climatización.

Eso no significa que el ventilador reduzca realmente la temperatura de la habitación. Su efecto principal se produce sobre las personas, al favorecer la pérdida de calor corporal.

Además, existen límites: la OMS recomienda utilizar ventiladores eléctricos cuando la temperatura se encuentra por debajo de 40 °C y advierte de que, por encima de ese nivel, pueden calentar el cuerpo.

Cuando se utiliza aire acondicionado, tampoco es necesario convertir la vivienda en un espacio frío. El IDAE considera que una temperatura de 26 °C o superior, acompañada de ropa adecuada, puede resultar suficiente para mantener el confort doméstico.

También recuerda que modificar un grado la climatización supone aproximadamente un 7% de diferencia en el consumo energético.

Enfriar la casa también implica reducir el calor corporal

Mantener una vivienda fresca es solo una parte de la protección frente a las altas temperaturas. La OMS aconseja utilizar ropa ligera y holgada, darse duchas o baños frescos y beber agua regularmente. Sanidad también recomienda ingerir líquidos con frecuencia sin esperar a sentir sed, salvo que exista una contraindicación médica.

Durante las horas de mayor calor conviene, además, reducir la actividad física intensa y permanecer en las zonas más frescas de la vivienda. Si resulta imposible mantener una temperatura soportable en casa, la OMS plantea pasar entre dos y tres horas al día en un lugar fresco.

La atención debe ser mayor con las personas especialmente vulnerables. La OMS señala entre los grupos de mayor riesgo a las personas mayores, los bebés y quienes padecen determinadas enfermedades crónicas.

En esos casos, controlar el ambiente doméstico, mantener una hidratación adecuada y evitar la exposición durante las horas más calurosas deja de ser únicamente una cuestión de comodidad y se convierte en una medida de protección de la salud.

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