Un agente de la Policía Nacional se rasca el picor de la sarna.
Efectos de la sarna en las manos, entre otras zonas del cuerpo.

Cómo prevenir y tratar la sarna: las medidas básicas para cortar el contagio y evitar que vuelva

El contacto prolongado piel con piel es la principal vía de transmisión

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La sarna, también denominada escabiosis, es una infestación de la piel provocada por el ácaro microscópico Sarcoptes scabiei var. hominis. Puede afectar a cualquier persona y su señal más característica es un picor intenso que suele empeorar durante la noche.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 200 millones de personas la padecen en un momento determinado y alrededor de 400 millones se ven afectadas cada año.

Pese a que tiene tratamiento, cortar la transmisión exige actuar también sobre los contactos estrechos y el entorno de la persona diagnosticada.

En España, en la zona de Ceuta, hay una crisis sanitaria por un brote de sarna que afecta a los migrantes ilegales así como a miembros de la Policía Nacional, potenciado por las malas condiciones en las que están viviendo los agentes en la ciudad ceutí y que les facilitó el Ministerio del Interior.

Cómo se contagia la sarna y qué síntomas deben vigilarse

La principal vía de transmisión es el contacto directo y prolongado de piel con piel. Un apretón de manos o un abrazo breve difícilmente provocan el contagio, según las indicaciones de la OMS.

Compartir prendas, toallas o ropa de cama también puede intervenir en la transmisión, aunque esta vía resulta menos probable en la sarna común y adquiere mayor importancia en la sarna costrosa, una variante mucho más contagiosa.

Además, tener sarna no implica necesariamente una higiene deficiente. Los brotes encuentran condiciones favorables allí donde existe contacto estrecho entre numerosas personas, como determinados centros residenciales, sanitarios o espacios con hacinamiento. El problema añadido es que una persona puede transmitir la infestación antes de darse cuenta de que la tiene.

En una primera infestación, los síntomas suelen tardar entre cuatro y seis semanas en manifestarse. El picor, especialmente intenso por la noche, es el signo más habitual.

También pueden aparecer pequeñas pápulas y los característicos surcos lineales, sobre todo entre los dedos, en las muñecas, brazos, piernas y alrededor de la cintura. En bebés y niños pequeños, las lesiones pueden extenderse a palmas, plantas de los pies, tobillos y cuero cabelludo.

El tratamiento de la sarna no debe limitarse a quien tiene síntomas

Ante la sospecha de sarna es importante recurrir a un profesional sanitario para confirmar el diagnóstico y determinar el tratamiento adecuado. Entre las opciones recogidas por la OMS se encuentra la permetrina al 5%, además de otros tratamientos tópicos.

La ivermectina oral también puede utilizarse en determinados casos, aunque no debe administrarse a embarazadas ni a niños con un peso inferior a 15 kilos.

Un aspecto decisivo para evitar que el problema reaparezca es tratar simultáneamente a los convivientes, aunque todavía no presenten síntomas. El periodo asintomático facilita que la infestación circule dentro de una vivienda y que, después de tratarse una persona, vuelva a producirse el contagio.

Los tratamientos pueden necesitar una repetición en el intervalo indicado para cada medicamento porque no todos eliminan los huevos del ácaro. Además, que continúe el picor después de iniciar la medicación no significa necesariamente que esta haya fracasado: la OMS advierte de que puede incluso intensificarse durante una o dos semanas tras comenzar el tratamiento.

Ropa, sábanas y contacto físico: qué hacer para prevenir nuevos casos

Las medidas domésticas son una parte esencial del control. La ropa y las sábanas utilizadas por la persona infestada deben lavarse con agua caliente y secarse mediante un ciclo caliente, al sol o recurrir a limpieza en seco. Los objetos que no puedan lavarse pueden mantenerse cerrados en una bolsa de plástico durante una semana. Los ácaros responsables de la sarna suelen morir después de dos o tres días alejados de la piel humana.

También debe evitarse el contacto directo piel con piel con la persona afectada hasta que el tratamiento haya comenzado conforme a las indicaciones sanitarias. En el hogar, limpiar y aspirar las habitaciones después del tratamiento es otra de las medidas recomendadas, especialmente ante casos de sarna costrosa.

No es necesario convertir la vivienda en una operación de desinfección indiscriminada. Las recomendaciones sanitarias se centran en tratar correctamente a afectados y contactos, lavar o aislar los objetos que hayan estado en contacto y evitar nuevas exposiciones. El CDC señala específicamente que fumigar los espacios habitables resulta innecesario.

La combinación de diagnóstico, tratamiento simultáneo de los contactos y manejo adecuado de ropa y textiles es la que permite romper el ciclo de transmisión y reducir el riesgo de reinfestación.