Leche y queso en jarras y envases.
Productos lácteos.

Ni el colesterol ni la edad, la OCU aclara quién puede beber leche y quién debe evitarla

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La OCU desmonta los mitos más extendidos sobre la leche: qué dice realmente la evidencia sobre intolerancia, alergias y colesterol

La leche lleva años en el centro del debate alimentario. A su alrededor circulan afirmaciones que van desde que los adultos no deberían consumirla hasta que favorece el aumento del colesterol o provoca alergias de forma generalizada.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha revisado algunas de estas creencias para distinguir qué está respaldado por la evidencia científica y qué responde más bien a ideas extendidas sin base sólida.

La organización recuerda que los lácteos siguen siendo uno de los alimentos más completos desde el punto de vista nutricional. Aportan proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas, aunque eso no significa que sean imprescindibles para todas las personas ni que deban consumirse sin tener en cuenta circunstancias individuales.

OCU: intolerancia y alergia no son lo mismo

Uno de los errores más frecuentes consiste en utilizar como sinónimos la intolerancia a la lactosa y la alergia a la leche. Sin embargo, son dos situaciones completamente diferentes.

La alergia está relacionada con una respuesta del sistema inmunitario frente a las proteínas de la leche. Suele aparecer en edades tempranas y puede manifestarse con síntomas como erupciones cutáneas, hinchazón o molestias respiratorias. En estos casos, la eliminación del alimento es la principal medida de control.

La intolerancia a la lactosa, por el contrario, se produce cuando el organismo genera poca cantidad de lactasa, la enzima encargada de digerir este azúcar presente en la leche.

Las consecuencias suelen ser digestivas: hinchazón abdominal, gases o diarrea tras el consumo de determinados productos lácteos.

La OCU subraya que la presencia de intolerancia no obliga necesariamente a excluir todos los lácteos. Dependiendo del grado de afectación, algunas personas toleran mejor alimentos fermentados, como yogures o ciertos quesos, que contienen menos lactosa.

¿Los adultos necesitan dejar de beber leche?

Otra afirmación habitual sostiene que ningún mamífero consume leche después del destete y que, por tanto, los seres humanos tampoco deberían hacerlo en la edad adulta.

La organización recuerda que el ser humano es también el único mamífero que obtiene leche de otras especies y que, además, determinadas poblaciones han desarrollado adaptaciones genéticas que permiten mantener la actividad de la lactasa durante toda la vida.

Por todo ello, la capacidad para digerir la leche no depende tanto de la edad como de factores biológicos y hereditarios.

En áreas donde históricamente el consumo de leche ha sido elevado, la intolerancia es menos frecuente. En el entorno mediterráneo, la OCU sitúa la prevalencia de esta condición entre el 15% y el 20% de la población.

Esto significa que muchas personas pueden consumir leche sin problemas, mientras que otras necesitan adaptar su dieta o recurrir a alternativas sin lactosa.

El colesterol y otros mitos persistentes

La relación entre leche y colesterol es otra de las cuestiones que más dudas genera. Según la OCU, no existen evidencias concluyentes que justifiquen recomendar a todas las personas con colesterol elevado que eliminen la leche entera de su alimentación.

La organización insiste en que los alimentos deben valorarse en conjunto y recuerda que la grasa láctea incluye componentes diversos. Además, parte del colesterol presente en sangre está condicionada por factores genéticos y por el patrón global de la dieta.

La OCU también desmiente otras creencias populares, como la idea de que la leche desnatada se obtiene añadiendo agua. Explica que el proceso consiste en retirar la grasa mediante centrifugación, modificando su composición lipídica, pero sin diluir el producto.

En un contexto marcado por la proliferación de mensajes contradictorios sobre alimentación, la organización apuesta por diferenciar entre recomendaciones individualizadas y afirmaciones generalistas.

La evidencia disponible apunta a que la leche puede formar parte de una dieta equilibrada en personas sanas, mientras que quienes presentan alergia o intolerancia deben seguir pautas específicas adaptadas a su situación clínica.