Ni la playa ni la piscina: el error con el protector solar que más preocupa a los dermatólogos y la OCU
La dermatóloga Ana Molina alerta del error más común con el sol: «Pensar que solo daña cuando nos quemamos»
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La llegada del buen tiempo multiplica las horas de exposición al sol, pero también pone de manifiesto una de las creencias más extendidas sobre la salud de la piel.
Según la dermatóloga Ana Molina, uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la radiación solar solo resulta perjudicial cuando provoca una quemadura visible.
La realidad, advierte, es muy distinta: el daño se acumula con cada exposición diaria, incluso cuando no deja una señal inmediata, algo que preocupa a los dermatólogos y a la OCU.
La especialista recuerda que caminar por la calle, practicar deporte al aire libre, conducir o permanecer en una terraza forman parte de esa exposición cotidiana que muchas personas no tienen en cuenta. La piel, explica, tiene memoria y va acumulando el efecto de la radiación ultravioleta con el paso de los años.
Ese proceso puede traducirse en envejecimiento prematuro, aparición de manchas y un mayor riesgo de desarrollar cáncer cutáneo.
El protector solar se usa peor de lo que creemos
Aunque el uso del fotoprotector está cada vez más extendido, los expertos coinciden en que la mayoría de la población no lo emplea de manera adecuada.
Ana Molina sostiene que el principal fallo está en la cantidad aplicada. En términos generales, se utiliza una dosis muy inferior a la recomendada, lo que reduce significativamente la protección real del producto.
Otro error habitual es olvidar la reaplicación. Las recomendaciones dermatológicas apuntan a renovar el protector cada dos horas cuando existe exposición continuada al sol y hacerlo siempre después del baño, tras sudar de forma intensa o al secarse con la toalla. Sin embargo, esta pauta continúa siendo una de las más incumplidas.
También existen confusiones respecto al factor de protección. Un SPF 50 no garantiza una protección absoluta ni compensa una aplicación deficiente.
De hecho, un protector de menor factor utilizado correctamente puede resultar más eficaz que uno de protección muy alta empleado en cantidades insuficientes.
Las zonas olvidadas y las falsas sensaciones de seguridad
Los dermatólogos insisten además en prestar atención a determinadas partes del cuerpo que suelen quedar desprotegidas. Las orejas, la nuca, los labios, el cuero cabelludo en personas con poco cabello, las manos o los empeines reciben radiación solar directa y, sin embargo, con frecuencia quedan fuera de la rutina de protección.
A ello se suma la falsa percepción de seguridad que generan algunas circunstancias ambientales. Los días nublados no eliminan la presencia de radiación ultravioleta y la sombra tampoco ofrece una barrera completa. Superficies como el agua, la arena o incluso el asfalto reflejan parte de esa radiación, aumentando la exposición sin que muchas veces se perciba.
Los especialistas recuerdan que la protección solar no debe limitarse exclusivamente a las jornadas de playa o piscina. Incorporarla a los hábitos cotidianos forma parte de una estrategia preventiva respaldada por la evidencia científica.
Un hábito de salud pública con efectos a largo plazo
La fotoprotección ha dejado de ser una recomendación asociada únicamente a la estética. El objetivo principal es prevenir daños acumulativos que pueden manifestarse años después de las primeras exposiciones intensas al sol.
El mensaje de los expertos no pasa por evitar completamente las actividades al aire libre ni generar miedo hacia la exposición solar.
La clave, subrayan, reside en adoptar medidas sencillas y constantes: utilizar protector de forma adecuada, reaplicarlo cuando sea necesario y no bajar la guardia fuera de los escenarios tradicionalmente asociados al verano.
En un contexto de mayor concienciación sobre la prevención, los dermatólogos recuerdan que la información rigurosa sigue siendo la herramienta más eficaz para combatir hábitos incorrectos y minimizar riesgos evitables para la salud de la piel.