El Santo Custodio de Jaén – Oración, Milagros y Misterio

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CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.-Era parte del programa “Memoria del Sur” (de Canal Sur) en el que tuve el enorme privilegio de trabajar, durante una temporada con Tico Medina así como en “De Sur a Sur” en radio.

Fue una temporada en la que tocamos mil y un misterios de Andalucía, mil y un lugares mágicos del sur. En uno de esos programas dedicamos especial atención al conocido como ‘El Santo Custodio’. Un hombre sencillo, humilde, de campo que, según dicen, tenía el don de curar enfermedades con sus propias manos. Un personaje que no deja indiferente a nadie y que está envuelto en cierto halo místico.

Su sepultura se ha convertido en un centro de peregrinación al que acuden, más de medio siglo después, miles de personas. La vida de Ángel Custodio no deja, desde luego, de sorprender a quienes se acercan a ella.

Ángel Custodio Pérez Aranda, conocido como el Santo Custodio nació en 1885 en Hoya del Salobral, pedanía de Noalejo, en Jaén. Era un sanador que llegaba allá donde la medicina no lo hacía, un tiempo en el que la necesidad apretaba pero que él, en su humildad, nunca quiso cobrar ni una peseta a los que lo visitaban, negándose a aceptar dinero o regalos.

Custodio adquirió sus poderes sanatorios del santo Luisico, en 1911 con 26 años, según cuentan aquellos que lo conocieron tuvo una revelación divina de la Virgen, en aquella se le informaba de un trágico suceso: su hija de 4 años iba a fallecer.

Custodio regresó a su hogar y se encontró con un devastador incendio que consumió su casa y la vida de su hija, en ese momento adquirió este don.

En aquel programa tuvimos en plató a una persona que conoció a Ángel Custodio, se llamaba Antonio, y nos decía “mi madre era la cocinera y costurera del santo. Yo he trabajado con él y he visto muchas cosas. Lo conocía muy bien .Antes de trabajar mi madre en la casa, estuvo 40 días en coma porque bebió agua contaminada porque había ratas. Fuimos al Santo. Insistimos mucho y él se enfadó porque siempre nos decía que se iba a poner bien. A los pocos días salió del coma”.

Tuvo una experiencia de sanación con Custodio: “me caí de la mula, se me gangrenó el brazo. Los médicos le dijeron a mi hermano que me iban a amputar el brazo. Fui a Custodio y él me lo sanó”.

Carmen, otra de nuestras testigos nos decía igualmente: “Era un hombre sencillo. Trabajaba en el campo y siempre iba con pantalón de pana. Apenas sabía escribir ni leer. Siempre recibía a la gente que necesitaba ayuda… Mi tío no podía andar. Me acuerdo que mi abuelo lo llevó montado en un burro a la casa de Custodio … y lo sanó”.

Carmen añadía que “sí, yo le compraba el tabaco a mi abuelo en el estanco y también los papelillos de fumar. Mi abuela se los llevaba a Custodio y él los bendecía. Me acuerdo que mi abuela me daba de esos papelillos para que los tragara cuando estaba mala”.

Custodio tenía una singular forma de sanar a sus “pacientes”, curaba a través de masajes, contactos mediante la saliva e incluso soplando, lo único que pedía al enfermo era fe. Utilizaba los papelillos de fumar donde escribía los remedios para sanar.

Sobre cómo podía curar Custodio se ha hablado mucho y realizado mil y una hipótesis, desde el poder de la sugestión hasta el efecto placebo, pero aun así hay hechos en su vida y en sus “milagros” difíciles de explicar.

Ante las primeras sanaciones y el auge que tomó las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto y lograron una denuncia de algún médico siendo encarcelado durante la Guerra Civil.

Sobre ello se dice a modo casi de leyenda popular que “a su casa llegaron una pareja de guardias civiles para conducirlo al calabozo, tomaron asiento en un par de sillas esperando que Custodio se aseara ya que acababa de llegar de las tareas del campo, cuando les indicó que estaba listo la pareja de la benemérita no pudo levantarse de la silla.

Los carceleros aseguran que en su presencia los cerrojos y candados se abrían solos dejando la puerta del santo abierta ante la perplejidad de los funcionarios. Sucedía esto todos los días, por la noche eran cerrados con llave y a la mañana siguiente estaban abiertos o por tierra, como si una fuerza mágica les indicara que ese hombre a pesar de estar entre rejas era libre”.

A casa de Custodio llegaban personas de toda España, e incluso extranjeros, tratando de poner fin a sus males. En cierta ocasión lo visitó un prestigioso médico madrileño que le llevó a su hija muy enferma y la curó.

De aquel tiempo se mantiene aún su cueva y su hogar, que son visitables y al que “peregrinan” cientos fieles ya que dicen que aún sigue impregnado de la figura del Santo Custodio.

Carmen nos dio testimonio de la devoción que despierta aún pese a que falleció en 1961 “era un hombre muy bueno que hizo mucho bien. Jamás pedía nada a cambio. Curó a mucha gente. Ella sigue encomendándose a él, tiene un vela en su casa”.

Cuando murió Custodio las calles se llenaron de personas que querían darle el último adiós, pese a que hubo varios reporteros gráficos que tomaron cientos de fotografía ni una sola se ella salió, todas se velaron, aunque quizás todo fue una maniobra para ocultar aquella devoción por parte de las autoridades religiosas y locales, no podía trascender la figura importante de un hombre con sus dotes.

Antonio, nuestro testigo, nos detalla otra singularidad en torno a su muerte: “Una vez muerto sus manos seguían calientes. Llevamos el féretro de Hoyas a Noalejo donde estaba el cementerio. Hicimos una cadena humana para transportar el ataúd. Ese día en la aldea las palomas se quedaron en los tejados tiesas sin moverse mirando el ataúd. Fue una cosa impresionante”.

Antaño la visita a su tumba estaba prohibida, una pareja de la Guardia Civil impedía el paso, narran los más viejos del lugar que la pareja se quitó cuando el hijo de un alto mando que estaba paralítico fue sanado por el santo.

Hoy en día se lleva a cabo una tradición que a muchos puede resultar algo inquietante y que consiste en tumbarse en su lápida.

El Santo Custodio fue un hombre sencillo, humilde, tocado por la tragedia y por un don que marcó su vida y la de aquellos a los que logró devolverles la salud.

Oración al Santo Custodio