Fenómenos extraños en la calle Orfila

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Es una historia que investigué hacia el año 2005 dada mi amistad con trabajadores del sitio a donde les quiero llevar. Si visita Sevilla, o reside en la ciudad, y pasea por su centro, quizás llegue a la céntrica calle Cuna, a la salida de esta nos debemos detener pues estamos cerca de una de las mecas del misterio de España.

Es la vieja manzana conocida como “milla de oro de lo paranormal”, tal y como el investigador local Jesús Conejero y mi persona la bautizamos en su día, allí se han dado casos tan impresionantes como el caso Viandas, Bellas Artes y Álvarez Quintero. Son los tres casos dominadores absolutos de esta zona, pero aún nos queda algo que contar, un caso en plena esquina con calle Orfila, en las antiguas instalaciones de Caser – Segurmonte (la aseguradora de la antigua Caja de Ahorros).

Allí sus empleados vuelven a ser los cronistas de experiencias sobrecogedoras, a la historia de la zona habría que añadir un nuevo testimonio, Miguel G. lo contaba así una fría mañana de Diciembre de 2005: ”De siempre hemos sabido que allí pasaban cosas extrañas, por que los ordenadores había veces que no funcionaban bien, que bueno tampoco indica nada, o los papeles aparecían revueltos, o las papeleras salían disparadas hacía otro lado, no se, era realmente extraño, la cosa es que una tarde entre en los servicios y comenzaron a pegar portazos las puertas, era aterrador, no podía creer lo que estaba viendo pero las puertas eran como impulsadas por unas manos que parecían disfrutar con aquellos estallidos y portazos. Sin creer lo que estaba sucediendo ni entré, me di la vuelta y regresé a mi sitio lo más rápido que pude sin decir nada a nadie. ¿Quién me iba a creer? Y pasados unos días otro compañero volvió lívido de los servicios, “¿qué te pasa tío?” le dije y me respondió empapado en sudor: “nunca te lo creerías”, lo que él no sabía es que por esa misma experiencia ya había pasado y otros antes que yo. Otras veces sentíamos como un gruñido, como un quejido entre dientes, como una protesta, era una temeridad si quiera volverse o buscar el origen de aquel ruido y conociendo los antecedentes de la zona pues casi mejor dejarlo”.

No son sólo estos dos amigos y empleados, hay otros muchos que temían quedarse por las tarde sacando “papeleo atrasado” por los ruidos que sentían y extrañas presencias que percibían, aquellos cuyo temor a lo inexplicable llevo, incluso, a pedir alguna que otra baja.

Hoy aquellos empleados han sido trasladados a otras instalaciones de Caixa (entidad que absorbió a Cajasol), quién sabe si la maldición de esta zona ha tenido algo que ver para creer oportuno esta mudanza agradecida por todos, incluso puede que hasta por el fantasma que turbaba la paz de aquellos que trabajaban en el inmueble.

Y a fuerza de ser sincero he de decirles que en la misma manzana, en la parte de la calle José Gestoso tenemos otro de estos lugares malditos y embrujados en los que, a buen seguro, ha entrado en alguna ocasión… Pero eso ya es otra historia que, por el momento, no me está permitido contarla.