Momento en el que Albert Einstein entrega al cartero una carta.
Albert Einstein entregando una carta al cartero.

Albert Einstein escribió en 13 palabras su clave para ser feliz: la nota acabó valiendo 1,5 millones

El físico escribió en 1922, durante su estancia en Tokio, una breve reflexión sobre una vida tranquila y modesta

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Una habitación del Hotel Imperial de Tokio, un mensajero y Albert Einstein protagonizaron en 1922 una escena aparentemente cotidiana que terminó dejando uno de los documentos personales más conocidos del científico.

Einstein, que se encontraba de viaje por Japón y acababa de conocer la concesión del Premio Nobel de Física, entregó al joven dos notas manuscritas en lugar de una propina.

En una de ellas dejó resumida su particular idea de la felicidad: una existencia serena y modesta podía proporcionar más bienestar que perseguir el éxito acompañado de una inquietud permanente.

Einstein estaba en Japón cuando llegó la noticia del Nobel

El episodio se produjo en un momento extraordinario de su trayectoria. Einstein había emprendido en octubre de 1922 un viaje a Japón para impartir una serie de conferencias. La Academia Sueca le concedió aquel año el Nobel de Física correspondiente a 1921, que había quedado reservado.

El reconocimiento no fue específicamente por la teoría de la relatividad, como a veces se presupone, sino por sus servicios a la física teórica y, especialmente, por el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico.

La concesión se anunció oficialmente el 9 de noviembre de 1922. El viaje por Extremo Oriente impidió que Einstein estuviera en Estocolmo el 10 de diciembre para recibir personalmente el galardón. La documentación de los Nobel confirma que se encontraba demasiado lejos de Suecia para asistir a la ceremonia.

En Japón su presencia había despertado una enorme expectación. Según la documentación conservada por la casa de subastas que posteriormente vendió los manuscritos, miles de personas acudieron a recibir al científico, una popularidad que le impresionó y también le produjo cierta incomodidad.

Dos notas en lugar de una propina

Fue durante su estancia en el Hotel Imperial cuando un mensajero acudió a la habitación de Einstein para realizar una entrega. De acuerdo con la historia documentada junto al manuscrito, el físico no disponía en ese momento de una propina y decidió entregar al joven dos textos escritos por él mismo.

Incluso le habría indicado que los conservara porque algún día podrían valer más que una propina convencional.

La primera nota fue escrita en alemán sobre papel oficial del hotel. Su mensaje puede traducirse como: “Una vida tranquila y modesta aporta más felicidad que la búsqueda del éxito unida a una inquietud constante”.

La frase convirtió un sencillo pedazo de papel de 13 por 21 centímetros en un testimonio singular de cómo Einstein observaba la vida fuera de sus trabajos científicos.

El segundo manuscrito era todavía más breve. Einstein escribió otra conocida máxima: “Donde hay voluntad, hay un camino”. Ambos documentos estaban firmados por el físico y quedaron vinculados desde entonces a aquel encuentro en Tokio.

La nota sobre la felicidad terminó valiendo una fortuna

La predicción atribuida a Einstein sobre el posible valor futuro de aquellos papeles resultó sorprendentemente acertada. Décadas después, los dos documentos aparecieron en una subasta celebrada en Jerusalén en 2017.

La nota sobre la vida tranquila partió con un precio inicial de 2.000 dólares y una estimación de entre 5.000 y 8.000 dólares. El resultado quedó extraordinariamente lejos de esas cifras: se adjudicó por 1.586.000 dólares, incluida la comisión del comprador, según el registro de Winner’s Auctions.

El segundo manuscrito tampoco pasó inadvertido. La nota sobre la voluntad, cuyo precio de salida era de 1.000 dólares y que había sido valorada inicialmente entre 4.000 y 6.000, alcanzó finalmente los 244.000 dólares.

La historia dejó así una paradoja difícil de pasar por alto. Una frase que defendía una existencia modesta frente a la persecución incesante del éxito terminó convertida en un objeto valorado en más de un millón y medio de dólares. Y todo comenzó con una visita rutinaria a la habitación de un hotel y una propina que Einstein decidió sustituir por unas palabras escritas a mano.