El gran tesoro perdido de Jerusalén: salió del Templo, llegó a Roma y después desapareció
El destino de los objetos sagrados del Templo de Jerusalén sigue rodeado de incógnitas
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El gran tesoro de Jerusalén no pertenece únicamente al terreno de las leyendas. Las fuentes históricas permiten reconstruir parte del recorrido de los objetos que los romanos se llevaron del Segundo Templo en el año 70, entre ellos la célebre menorá.
Mucho más difícil resulta determinar qué ocurrió con las riquezas asociadas al Primer Templo y con piezas como el Arca de la Alianza. La falta de respuestas alimentó durante siglos expediciones, hipótesis y búsquedas que llegaron a provocar un serio conflicto en la ciudad a comienzos del siglo XX.
Dos templos destruidos y un tesoro que cambió de manos
La historia obliga primero a separar dos episodios. El Primer Templo, atribuido por la tradición bíblica al rey Salomón, fue destruido por los babilonios en el siglo VI a. C.
El Segundo Templo se levantó después del exilio babilónico y, siglos más tarde, fue profundamente ampliado bajo Herodes el Grande. Los romanos acabaron destruyéndolo en el año 70, durante la primera guerra judeorromana.
En este segundo caso existe una prueba monumental excepcional. El Arco de Tito, todavía conservado en Roma, muestra en uno de sus relieves a soldados romanos transportando el botín obtenido en Jerusalén.
Entre los objetos aparecen claramente el candelabro de siete brazos, la mesa de los panes y unas trompetas. El propio Parque Arqueológico del Coliseo identifica estas piezas como parte de los objetos capturados en el Templo.
El destino del supuesto tesoro del Primer Templo es bastante más incierto. Precisamente esa ausencia de pruebas abrió la puerta a quienes pensaron que algunos objetos, incluido el Arca, podían haber sido escondidos antes del saqueo.
La expedición que buscó el Arca bajo Jerusalén
Una de las búsquedas más extraordinarias comenzó en 1909. El finlandés Valter Henrik Juvelius creyó haber encontrado en textos bíblicos indicaciones que conducían hasta los tesoros perdidos. Su teoría convenció al británico Montagu Parker, que reunió financiación y encabezó una expedición en Jerusalén.
Durante dos años, el grupo exploró antiguos túneles y sistemas de agua en la Ciudad de David con la intención de avanzar hacia el Monte del Templo.
La documentación oficial israelí confirma que los trabajos se desarrollaron entre 1909 y 1911 y que Parker terminó accediendo al recinto sagrado tras sobornar a funcionarios musulmanes. La operación fue descubierta y los expedicionarios tuvieron que abandonar el país.
La búsqueda no proporcionó el gran hallazgo esperado. Pero el episodio anticipó muchas de las expediciones modernas obsesionadas con localizar bajo Jerusalén reliquias mencionadas en los textos antiguos.
De Roma a Cartago y Constantinopla: la última pista
El recorrido del botín del Segundo Templo está mejor documentado durante varios siglos. Tras llegar a Roma, los objetos judíos permanecieron vinculados al tesoro imperial.
Cuando los vándalos de Genserico saquearon la ciudad en 455, las fuentes sitúan entre las riquezas trasladadas a Cartago los objetos que Tito había llevado desde Jerusalén.
La pista reaparece en el siglo VI. El historiador bizantino Procopio de Cesarea relata que el general Belisario, después de derrotar al reino vándalo, llevó a Constantinopla los tesoros capturados en Cartago. Entre ellos identifica expresamente las riquezas judías obtenidas siglos antes por Tito.
Procopio añade un detalle decisivo: el emperador Justiniano habría ordenado enviar aquellos objetos a santuarios cristianos de Jerusalén.
A partir de ahí, la documentación deja de ofrecer una trayectoria segura. Por eso resulta imposible afirmar dónde terminó la menorá representada en el Arco de Tito o si sobrevivió a los siglos posteriores.
Y el misterio es todavía mayor en el caso del Arca de la Alianza: no existe una evidencia histórica concluyente que permita conocer qué ocurrió con ella tras la desaparición del Primer Templo.