El primer asesinato conocido de la historia ocurrió en España hace 430.000 años, según la Ciencia
El cráneo hallado en Atapuerca que cambió la visión sobre la violencia humana: el posible asesinato más antiguo conocido
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La violencia entre seres humanos podría tener un origen mucho más remoto de lo que se pensaba. El análisis del cráneo Cr-17, descubierto en la Sima de los Huesos del complejo arqueológico de Atapuerca, en Burgos, ha permitido a los investigadores identificar lo que numerosos especialistas consideran el caso más antiguo de homicidio documentado hasta la fecha.
El hallazgo, datado en torno a hace 430.000 años, vuelve a situar a este enclave español entre los yacimientos más relevantes del mundo para el estudio de la evolución humana y ha sido recuperado recientemente por el médico y divulgador Pedro Gargantilla en su libro Asesinatos que cambiaron la historia, donde repasa crímenes que marcaron el devenir de distintas épocas.
Un golpe mortal hace 430.000 años
El protagonista de esta historia es un individuo joven, de aproximadamente veinte años, cuyo sexo no ha podido determinarse.
Los restos de su cráneo fueron reconstruidos a partir de más de medio centenar de fragmentos encontrados en la Sima de los Huesos, un yacimiento que conserva miles de fósiles pertenecientes a una población de antepasados de los neandertales.
El examen del frontal reveló dos fracturas prácticamente idénticas situadas sobre la órbita izquierda. Los investigadores comprobaron mediante técnicas de reconstrucción virtual que ambas lesiones fueron provocadas cuando el individuo aún estaba vivo y que respondían a dos impactos diferentes realizados con un objeto duro y puntiagudo.
Ese detalle resultó decisivo para descartar una caída accidental dentro de la cavidad. Si las heridas hubieran sido consecuencia del impacto contra el terreno, las fracturas tendrían características distintas. La presencia de dos golpes independientes apunta, en cambio, a una agresión deliberada.
Los especialistas también sostienen que el atacante habría golpeado de frente y probablemente utilizando la mano derecha. Aunque resulta imposible identificar el arma utilizada o reconstruir con exactitud las circunstancias del enfrentamiento, la evidencia fósil permite afirmar que la muerte fue consecuencia de un acto de violencia interpersonal.
Atapuerca, un laboratorio único para conocer la evolución humana
La importancia del descubrimiento no reside únicamente en el caso concreto del Cr-17. La Sima de los Huesos constituye uno de los yacimientos paleoantropológicos más valiosos del planeta por la extraordinaria concentración de restos humanos recuperados desde las excavaciones iniciadas hace décadas.
En este enclave se han localizado más de 6.500 fósiles correspondientes a al menos 28 individuos que vivieron hace unos 430.000 años. El conjunto ha permitido reconstruir aspectos esenciales de la anatomía, la evolución y el comportamiento de los grupos humanos que habitaron Europa durante el Pleistoceno Medio.
Además, muchos investigadores consideran que la acumulación de cuerpos en esta cavidad podría representar una de las primeras evidencias de un comportamiento funerario, una hipótesis que continúa siendo objeto de estudio dentro de la comunidad científica.
Gracias a los avances en tomografía computarizada y reconstrucción tridimensional, los restos encontrados hace décadas siguen ofreciendo nueva información sobre la vida y la muerte de aquellos grupos humanos.
Un hallazgo que cambió la cronología de la violencia
Antes del estudio del cráneo de Atapuerca, las evidencias más antiguas de violencia letal entre humanos correspondían a un neandertal hallado en Irak, con una antigüedad cercana a los 40.000 años, y a un Homo sapiens encontrado en el yacimiento ruso de Sungir, datado en unos 30.000 años.
El análisis del Cr-17 retrasó esa cronología en casi 400.000 años y abrió nuevas líneas de investigación sobre el origen de los conflictos entre grupos humanos. Los expertos insisten, sin embargo, en que el registro fósil no permite conocer el motivo de la agresión.
Las causas pudieron responder a disputas dentro del grupo, conflictos por recursos o enfrentamientos personales, aunque cualquier explicación más allá de las lesiones observadas entra en el terreno de la hipótesis.
Tampoco es posible determinar qué objeto causó los impactos, ya que pudo tratarse de una piedra, un fragmento de madera u otra herramienta disponible en aquel momento.
Lo que sí parece claro es que la violencia organizada no es un fenómeno exclusivamente moderno. La historia conservada en el cráneo Cr-17 demuestra que los conflictos entre individuos ya estaban presentes cientos de miles de años antes de la aparición del Homo sapiens, convirtiendo a Atapuerca en el escenario del que, por ahora, sigue considerándose el homicidio documentado más antiguo conocido por la ciencia.