Estibadores cargando barras de oro.
El "Oro de Moscú" siendo sacado de España.

España perdió su mayor tesoro en 1936, esta fue la salida del 'Oro de Moscú'

El Oro de Moscú: qué pasó con las reservas españolas que salieron en plena Guerra Civil

Actualizado:

Banco de España, Juan Negrín, Segunda República, Francisco Franco y Unión Soviética protagonizan uno de los episodios más discutidos de la Guerra Civil española como fue la salida de la mayor parte de las reservas de oro del país hacia Moscú en 1936.

Para unos fue un saqueo político; para otros, una decisión extrema para evitar que ese patrimonio cayera en manos de los sublevados. Ocho décadas después, los documentos disponibles siguen alimentando una disputa histórica que nunca se cerró del todo.

Al comenzar la guerra, España disponía de una de las mayores reservas de oro del mundo. El metal estaba custodiado en los sótanos del Banco de España, una entidad que entonces mantenía naturaleza privada, aunque estrechamente ligada al Estado.

Aquellas reservas procedían en gran parte de los superávits acumulados durante la Primera Guerra Mundial, cuando la neutralidad española impulsó exportaciones y entrada de divisas.

El golpe militar de julio de 1936 cambió por completo la situación. Con Madrid amenazada y la necesidad urgente de comprar armas, el Gobierno republicano intervino la dirección del Banco de España y tomó el control efectivo de las reservas.

La prioridad era doble: impedir que el oro quedara al alcance de las tropas franquistas y convertirlo en moneda extranjera para sostener el esfuerzo bélico.

En paralelo, el bando sublevado organizó en Burgos una estructura financiera propia. La batalla no solo se libraba en los frentes: también se disputaba la legitimidad del Estado y el acceso a los recursos.

Francia compró una parte del "Oro de Moscú" español, pero Europa cerró la puerta

La primera salida de reservas no fue hacia la URSS. En septiembre de 1936, el Ejecutivo autorizó el traslado de cerca de una cuarta parte del oro a Francia. El objetivo era venderlo y obtener liquidez inmediata. Esa operación proporcionó fondos importantes, pero insuficientes para una guerra larga.

El gran problema de la República era internacional. El llamado Comité de No Intervención, apoyado por potencias europeas, dificultaba la compra legal de armamento. Entre tanto Alemania e Italia auxiliaban a Franco con aviones, tropas y material militar, el Gobierno republicano encontraba enormes obstáculos para adquirir suministros.

Sin acceso normal al mercado y con el frente acercándose a Madrid, las autoridades decidieron evacuar el grueso del tesoro nacional hacia Cartagena. Desde allí se preparó una operación secreta que marcaría la memoria política española durante décadas.

A finales de octubre de 1936, cuatro barcos soviéticos cargaron cientos de toneladas de monedas y lingotes con destino a Odesa. Después serían depositados bajo control soviético. La cifra más aceptada por numerosos estudios ronda las 510 toneladas, es decir, la mayor parte de las reservas restantes.

Moscú vendió el oro y suministró armas a alto precio

El acuerdo consistía en que la Unión Soviética custodiaría el metal, lo vendería gradualmente y convertiría su valor en divisas para pagar compras militares y otros gastos de guerra. La República obtuvo armamento, munición, aviones y carros de combate, pero en condiciones muy costosas.

Las comisiones, transportes, seguros y sobreprecios redujeron notablemente el rendimiento de la operación. Además, la dependencia soviética dejó al Gobierno republicano sin capacidad real para negociar mejores condiciones. A medida que avanzó la guerra y se agotaron las reservas, los envíos de material disminuyeron.

Los llamados papeles del “Dossier Negrín”, conocidos años después, sostienen que hubo contabilidad de las operaciones y no un robo simple del tesoro. Eso no impidió que el franquismo utilizara el episodio como símbolo de la supuesta corrupción republicana. También sectores rivales dentro del exilio republicano culparon a Negrín del desastre final.

Hoy, entre los historiadores existe un consenso parcial como es que la operación fue ruinosa y opaca, pero respondió a una situación límite. La alternativa inmediata era dejar las reservas en territorio amenazado por los sublevados. El debate ya no gira tanto en torno a si desapareció el oro, más bien lo hace en torno a si había otra salida real en aquel otoño de 1936.