Famoso cuadro del pintor Velázquez, "Las Meninas".
Cuadro de "Las Meninas", del pintor sevillano Diego Velázquez.

Los secretos de 'Las Meninas': el espejo, la constelación y los enigmas que Velázquez dejó a la vista

El cuadro más célebre de Velázquez esconde un sofisticado juego de miradas y perspectivas al que se han sumado durante siglos interpretaciones astronómicas, políticas y hasta una sorprendente costumbre de la corte española

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Hay cuadros que se contemplan y otros que obligan a preguntarse qué está ocurriendo realmente ante nuestros ojos. Las Meninas pertenece a esta segunda categoría.

Diego Velázquez la pintó en 1656 y, casi cuatro siglos después, continúa generando interpretaciones sobre una escena aparentemente cotidiana en el antiguo Alcázar de Madrid.

En el centro aparece la infanta Margarita rodeada por María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. También están Mari Bárbola, Nicolasito Pertusato, un mastín, varios servidores y el propio Velázquez, situado ante un enorme lienzo cuyo contenido permanece oculto. Al fondo, Felipe IV y Mariana de Austria aparecen reflejados en un espejo. Precisamente ahí comienza el enigma.

El espejo de "Las Meninas" que cambia el lugar del espectador

¿A quién está pintando Velázquez? Es una pregunta sin respuesta definitiva. Los reyes podrían encontrarse fuera del espacio representado, aproximadamente donde se sitúa quien contempla el cuadro. De ser así, el espectador ocupa simbólicamente la posición de Felipe IV y Mariana de Austria.

Pero existe otra posibilidad: que el espejo refleje el retrato de los monarcas que Velázquez estaría pintando sobre el gran lienzo cuyo reverso vemos. La composición juega deliberadamente con esa incertidumbre y convierte la mirada en parte de la obra.

El propio Museo del Prado destaca la extraordinaria complejidad de sus perspectivas y la capacidad del pintor para construir una escena creíble mientras introduce una densa red de significados.

La técnica contribuye al efecto. La luz, las figuras más definidas en primer plano y los contornos progresivamente menos precisos generan profundidad y una extraordinaria sensación atmosférica. Velázquez no parece limitarse a representar una habitación: consigue transmitir la impresión de que existe aire entre sus personajes.

Una constelación escondida entre los personajes de "Las Meninas"

Uno de los enigmas más sugerentes apareció en los estudios realizados durante el siglo XX. Jacques Lassaigne propuso en 1973 una lectura astronómica: al relacionar determinadas figuras de la composición se obtiene un esquema semejante al de Corona Borealis. Ángel del Campo desarrollaría después otras interpretaciones geométricas y simbólicas del lienzo.

La coincidencia más llamativa se encuentra en la infanta. Una de las denominaciones históricas relacionadas con la estrella principal de esa constelación es Margarita Coronae, mientras Margarita ocupa el centro visual de la pintura. De ahí surgió la interpretación del cuadro como una construcción simbólica relacionada con la continuidad dinástica.

No existe, sin embargo, prueba documental que permita afirmar que Velázquez diseñara conscientemente un “talismán astral”. Es una hipótesis historiográfica, fascinante pero discutida, y no un secreto demostrado.

Más tangible resulta el pequeño objeto que María Agustina ofrece a la infanta: un búcaro de barro rojizo sobre una bandeja de plata. El Museo de América identifica este tipo de cerámica, procedente de Tonalá, en el actual México, como un producto de lujo apreciado por la nobleza europea.

"Las Meninas": el búcaro y la misteriosa cruz de Santiago

Comer fragmentos de estas vasijas fue una práctica documentada entre mujeres de las clases altas del Siglo de Oro. La denominada bucarofagia podía provocar anemia al dificultar la absorción de hierro, favoreciendo precisamente la extrema palidez que entonces se asociaba con determinados ideales de belleza aristocrática.

Otro detalle encierra una historia diferente. Velázquez aparece con la cruz roja de la Orden de Santiago sobre el pecho, aunque el pintor ingresó en la orden en 1659, tres años después de la fecha atribuida a Las Meninas.

Eso indica que la cruz fue incorporada posteriormente. Una tradición muy difundida atribuye la intervención al propio Felipe IV, aunque no existe certeza documental suficiente para presentar como hecho que el monarca tomara personalmente el pincel.

Quizá ahí radique buena parte del poder de Las Meninas. Sus personajes llevan siglos inmóviles, pero el cuadro continúa cambiando dependiendo de quién lo mira.

El espejo, el lienzo que nunca vemos, la luz, las posibles geometrías ocultas y pequeños objetos como el búcaro convierten una escena de palacio en uno de los grandes rompecabezas de la historia del arte.