La leyenda de la casa del pirata en Cádiz

CÁDIZDIRECTO.Cádiz es tierra de gloriosa Historia e infinitas leyendas, de pasiones, de encuentros y desencuentros, de actos heroicos que nos llenan de orgullo o momentos reservados para la emoción y los sentimientos. Uno de ellos lo pone una leyenda que se ubica en el incomparable marco de nuestra tierra.

Cuenta la leyenda que hace unos siglos un pirata zarpó de puerto en busca de fortuna. En su búsqueda del tesoro, que todo buen pirata gustaría de encontrar, tuvo la desgracia que su barco naufragó y quedó abandonado, pero vivo, en una isla desierta. Lo tenía todo y, sin embargo, no tenía nada. Allí donde se encontraba no podía disfrutar de su fortuna.

Dejó en tierra a su bella esposa, añoraba encontrarse con ella, volver a tocarla, a acariciarla, aquel tesoro no podía darle la felicidad. Quizás por obra del Destino un barco mercante pasó por la isla y lo recogió, allí quedó el tesoro escondido y al llegar a Cádiz fue a buscar a su bella esposa. Creía que el infortunio habría hecho que la mujer se hubiera vuelto a casar, tanto tiempo había transcurrido desde que desapareció que todos, incluso ella, lo habrían dado por muerto. Pero no fue así, ella aún lo esperaba, no había perdido la esperanza. El hombre, emocionado, quiso recompensar tanta fidelidad, pero ella se negó. Partió rumbo a la isla a recuperar su fabuloso tesoro y prometió que sería su último viaje.

Al regresar a Cádiz cumplió su palabra, la mujer, sabiendo la añoranza de este por la mar mandó que se construyera una casa con un torreón muy alto, desde aquel debía verse la ciudad y la mar. La casa además tenía grandes ventanales e, incluso, una zona con un pequeño timón que recordaba a un barco.

Cuando todo parecía que iba a ser felicidad y gozar del amor la mujer cayó enferma y murió. El hombre cumplió una última promesa: enterrar a su amada en oro. Así lo hizo, el féretro iba relleno con parte del oro que encontró en la isla.

Pero la codicia humana no respeta nada, ni el amor ni los muertos y los ladrones al enterarse del suculento botón que podrían encontrar en la tumba se dispusieron a profanarla. El pirata, al enterarse, cogió un fusil y mató a aquellos que habían interrumpido el sueño eterno de su esposa. Fue apresado por la Justicia y condenado a cadena perpetua en prisión. La casa del pirata, en la calle Beato Diego nº.8, es el mudo testigo de esta bella leyenda.

 

 

*Imagen Chocoplanet.