Las apariciones en la “Casa Cuna” de Cádiz

Fantasmas de la Casa de Cuna
Fantasmas de la Casa de Cuna

 

CÁDIZDIRECTO/J.M.García Bautista.-Hay una serie de sucesos que han quedado marcados en la historia y que, indeleblemente, permanecerán grabados en el subconsciente de la ciudad. Uno de esos hechos que azotó a Cádiz fue la inmisericorde explosión de 1947 y que acabó con la vida de muchos infelices infortunados… Pero los daños colaterales no se dejaron a un lado y el cementerio de San José o la “Casa Cuna” también sintieron sus efectos.

La “Casa Cuna” era un lugar de acogida, donde los niños huérfanos encontraban un cobijo y donde sus penas se volvían esperanza al cuidado de las cariñosas religiosas. Cuando la explosión sacudió la Tacita de Plata murieron en su interior más de cuarenta personas, casi todos niños.

Y es que la “Casa Cuna” dio acogida a muchos críos, “expósitos” que les llamaban, y que las monjas de la Caridad cuidaban.

La explosión acabó con el recinto y tras ello se transformó en colegio, un colegio muy especial pues desde entonces se dice que está encantado a tenor de los testimonios de muchas personas que han dicho haber visto niños espectrales por sus pasillos.

Niños de aspecto famélico que vagan por las estancias y habitaciones, niños traslúcidos que con sólo verlos se sabe que se está ante una aparición de otro mundo.

También se ha visto en su interior a una misteriosa sombra que muchos dicen que pertenece a una monja muerta en el 47, una de aquellas que atendieron a los niños huérfanos.

Los gaditanos no son ajenos a esta trágica historia, así un medio de comunicación que tenía su emisora de radio en el edificio vivió una noche para el recuerdo, una noche de pesadilla más allá de la realidad.

Realizaban su programa de radio cuando vieron a unos niños correr por el interior de las instalaciones, en la puerta el vigilante de seguridad ajeno al paso de los niños. Uno de los empleados de la radio salió a echar a los niños e indicarles que allí no podían estar extrañándole que el vigilante no se hubiera percatado de su paso.

Al salir este hombre se encontró que de los niños no había ni rastro, ni de sus gritos infantiles… Habían desaparecido…

Hoy es un lugar encantado, tocado por la tragedia, y con unos vestigios del pasado, en forma de niños y religiosas, que se niegan a abandonar el lugar que un día fue su hogar: la “Casa Cuna”.

Un lugar sobre el cual parece que sobrevuela una maldición y que ahora solamente es un solar a la espera de uso.