Arqueología sagrada: las falsas reliquias de San Juan ‘el Bautista’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- La figura de Juan ‘el Bautista’ era tenida casi por una leyenda hasta que el arqueólogo británico Simon Gibson encontró una cueva en Jerusalén que llevaba hasta una cisterna cuyas aguas utilizó Juan ‘el Bautista’ para bautizar a los discípulos.

“Es la primera vez que se encuentran restos bautismales tan antiguos” decía el arqueólogo en aquella oquedad de 26 metros de lago que había sido antaño una piscina de bautismos usada por los judíos del siglo I d.C. En las inscripciones de la cueva destaca una cabeza decapitada datada en el siglo III.

Juan ‘el Bautista’ nació poco antes que Jesús de Nazaret, del que era primo por parte de la familia materna. Lucas dice que comenzó a predicar en el desierto el año decimoquinto del imperio de Tiberio, siendo gobernador Pilato, hacia el año 28 d.C.  El hecho más conocido por el que es recordado fue por bautizar a Cristo en el Jordán. No obstante también se ganó muchos enemigos como el propio rey Herodes por tomar como esposa a la mujer de su hermano. Ello lo llevó a dar con sus huesos en la cárcel de Maqueronte, cerca del Mar Muerto.

Salomé, hija de Herodías, bailó de forma muy provocativa ante Herodes y éste le prometió lo que quisiera por ganarse sus favores… Su madre le dijo que pidiera la cabeza del reo. Su muerte por decapitación la menciona en sus textos un historiador de la talla de Flavio Josefo “los judíos pensaban que era un castigo de Dios por lo que le había hecho a Juan, al que llamaban el Bautista; pues Herodes le había asesinado, siendo éste un buen hombre que ordenaba a los judíos ser virtuosos y rectos, y tener piedad de Dios”, aunque hay investigadores que ponen en duda que fuera autoría del historiador.

De San Juan Bautista nos quedan reliquias pero todas ellas se han de poner en duda pues tenemos nada menos que dos cabezas del profeta así como 60 dedos, no obstante podrían haber cuatro cabezas más que se la tildan de “auténticas” y varias mandíbulas, lo cual si que sería un hecho milagroso. Las más “veraces” las podemos encontrar hoy en la Iglesia Ortodoxa Búlgara, en concreto en el templo de San Jorge de Sozopol, debido a sus reducidas dimensiones se trasladaron a la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio.