El Santo Rostro de Jaén

Cuenta la Historia piadosa, en el evangelio apócrifo de Nicodemo, que cuando se produjo la ascensión de Jesucristo hacia el monte Gólgota, donde sería crucificado, una mujer llamada Verónica se acercó a limpiar el sudor y la sangre del Maestro.

Usó un paño de lino y el rostro de Jesús quedó impreso de forma sobrenatural en aquel tejido. Aquel misterioso rostro quedó impresionado en varios rostros pues el lino estaba doblado en varias partes e imprimió por igual las otras partes de la tela. Hoy esos rostros se mantienen guardados, o expuestos, en la basílica del Sacré en París (Francia) o en la basílica de San Pedro en Roma (Italia).

Curiosamente Verónica tiene un significado muy especial: ‘vera’ es verdadero e ‘ico’ es imagen, lo cual significaría: verdadera imagen.

Pues uno de estos santos y milagrosos rostros estaría guardado en la Catedral de Jaén siendo una importante reliquia.

El Santo Rostro de Jaén habría llegado a Andalucía gracias a San Eufrasio, uno de los siete varones apostólicos que estuvieron evangelizando España, tras la invasión musulmana se llevó a Asturias donde estuvo escondida hasta que un obispo de Ramiro III quiso ver aquel rostro y al abrir el arca quedó ciego, fue Alfonso VI quién se preparó para ese momento y pudo abrir el arca y contemplar la reliquia, sería con Fernando II cuando regresaría su tierra en el sur, aunque hay otra leyenda que nos dice que fue una donación del obispo de Jaén, en el siglo XIV, Nicolás Biedma.

Existe otra leyenda que nos dice que un obispo de la ciudad, del que no se precisan demasiados datos, escuchó el sonido estruendoso que hacían un grupo de demonios, hablaban del Santo Padre cuyos pecados lo iban a conducir al infierno y allí estaban ellos esperando la llegada del Papa. El obispo asustado viajó a Roma a advertir al pontífice, el problema era viajar hasta la capital italiana.

El ingenioso obispo maquinó un plan: tratar de convencer a uno de los demonios para que lo llevara volando a Roma, para su sorpresa uno de ellos aceptó pidiéndole como recompensan las sobras de la cenas de cada noche del obispo. Así volaron a Roma y advirtió al pontífice que se arrepintió de sus pecados y regresó al redil religioso salvando su alma. En justa gratificación entregó al obispo el tejido con el rostro de Jesús de Nazaret llegando así a la “Capital del Santo Reino”.

El Santo Rostro se guarda en la Catedral de Jaén en un arca de plata dentro de la capilla mayor. Según estudios derivados del tejido no se trata de ninguna pintura sino que es una imagen impresa. Está el tejido adherido a la tabla y enmarca en otro, plata y piedras preciosas, donadas por la duquesa de Montemar en 1814.

La reliquia ha pasado y vivido por otras vicisitudes y una copia la reemplazó en la Guerra Civil española ante el temor que pudiera ser destruida. Si fue robada y trasladada a Francia pero fue recuperada por la gendarmería francesa y devuelta en 1940. Franco la entregó a Leopoldo Eijo Garay quién la regresó a Jaén.

Pontífices como Julio III o Clemente VII concedieron indulgencias a todos aquellos que fueran a rendir culto a la imagen de la Santa Faz en días como, principalmente, la Asunción o el Viernes Santo.