Investigación paranormal en el viejo cine Pathé

El mundo de la investigación paranormal depara sorpresas que, pocas veces, podemos imaginar. En ocasiones surge cuando menos se espera y puede resultar inquietante.

Es lo que sucedió cuando acometimos una investigación en un lugar que se decía, desde hacía décadas, que estaba encantado pero jamás se dejó investigar en su interior: el cine Pathé.

Mientras estuvo abierto, en la calle Cuna de Sevilla, en pleno centro, siempre se habló del fantasma del acomodador, del un señor que murió y que no quiso alejarse de su lugar de trabajo. Puede que fuera una simple leyenda urbana pero no eran pocos los trabajadores que afirmaban que cuando el cine cerraba sus puertas al público se sentían pasos, se encendían las luces o, simplemente, se veía en el patio de butacas una sombra que se identificaba con el fantasma.

Aunque se solicitó autorización para poder entrar en su interior jamás se admitió, quizás por que perjudicaba al negocio, quizás porque “no había que hacer caso a esas historias” o por qué no llegaba a la persona adecuada, pero nunca se permitió esa investigación.

Más fenómenos extraños

El tiempo pasó, del cine se pasó a un estudio donde se grababa un programa, de Canal Sur Tv, llamado “1000 y una noches”, presentado por Joaquín Petit. Había cámaras que sentían esa presencia junto a ellos y que hablaban de una sombra en la zona de los baños o de cómo se sentían pisadas en la parte del escenario o en las pasarelas de la tramoya. “Era algo muy extraño, mi hijo me dijo, en varias ocasiones, que allí sucedían hechos que no sabían explicar, que se sentía algo, que las luces no funcionaban o que se les colaban sonidos raros por los micrófonos” decía Luis C. en referencia a las experiencias de su hijo, cámara en aquel estudio.

De ser este estudio de grabación se pasó a la productora “El Silencio Tv” donde se grabaron diferentes programas, yo mismo –junto a Jordi Fernández- participaba en el programa “Paz en la Tierra”, presentado por la gaditana Paz Padilla, y en maquillaje o con los técnicos, siempre se hablaba que aquel edificio “debe estar encantado por que pasan cosas muy extrañas. Ves una sombra como si hubiera alguien aquí y ya estamos recogiendo para irnos y no queda nadie o escuchas pisadas arriba y está la planta vacía o se encienden los focos del escenario y eso es imposible. Aquí nade habla por que Jesús Quintero es un poco supersticioso y esas cosas perjudican más que ayudan pero pasar pasan cosas” me decían mis compañeros en aquel programa.

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La investigación

Sin embargo nunca se autorizó una investigación hasta que en 2016 un buen amigo, Gervasio Iglesia, cineasta y productor, me dijo: “Jose Manuel, tienes que venir donde tenemos la oficina porque creo que pasan cosas raras, a ver si le echas un vistazo”, mi respuesta fue: “¿Dónde trabajas tú?” y me dijo: “En la calle Cuna, en lo que era el antiguo cine Pathé, el Teatro Quintero hoy” y mi cabeza rememoró todo lo que sabía de ello. Puse en conocimiento de todo ello a mi amigo que me dijo: “Mira, yo entrego el teatro el día 31 de diciembre, si quieres el día 30 es todo tuyo, puedes quedarte toda la noche con tu equipo e investigar”. La respuesta fue un rotundo Si.

Reuní a todo el equipo de investigación, principalmente a Jesús García y José David Flores, así como a algunas personas como invitados y para que nos ayudaran. Nos distribuimos en diferentes zonas del mismo, una parte en el teatro sobre el escenario y las gradas, otra parte en la primera planta y otros en la segunda. Así comenzaría una jornada de investigación que se prolongó hasta bien entrada la noche.

En el escenario se desplegó un buen número de aparatos con cámaras y sensores, hicimos sesiones de psicofonías bajo la grada –donde se decía que se escuchaban pisadas y voces de niños- y los resultados fueron prometedores, sobre todo con la “Spirit Box”; en las cámaras se iban recogiendo los movimientos de todos nosotros bajo la mirada de Andrés Blanco. Aunque sólo eran indicios que había que ratificar.

Experiencias en su interior

Jesús García escuchó, perfectamente, como alguien pasaba por la pasarela superior, allí no había nadie y vio, al fondo, una silueta. Advirtiéndonos de esa circunstancia fuimos a ver que podía ser descartando un juego de luces y sombras, no había explicación.

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En esa misma zona escuchamos, en una habitación al fondo, raps, en ese momento se había incorporado a un grupo de cuatro personas el investigador Manuel Blasco, los sonidos eran muy apreciables pero no sabíamos, exactamente, a qué naturaleza obedecía.

Fue el momento en el que sentimos pasos sobre nosotros, en la planta superior, la sala de montaje a la cual se nos pidió que no accediéramos, se estaba montando “El hombre de las mil caras” y un error podía ser fatal, pero tampoco podíamos dejar que hubiera nadie dentro. Con cuidado José David Flores y yo acudimos y entramos en la misma. Todo estaba cerrado, puertas y ventanas, pero en ese momento sentimos un frio enorme y como la cortina se movía como empujada por unas manos, entonces una voz, de la nada, dijo: “Eh, David” y David respondió: “¿Qué ha dicho?” y la voz respondió: “mamá, somos el momo” –el momo es un asustador profesional-, que pudimos escuchar perfectamente.

Explicaciones

Se grabaron psicofonías y los resultados fueron buenos en una noche de misterio e investigación. Pero, ¿qué ocurre en el viejo cine? La respuesta está en la Historia y en lo que nos cuentan los testigos.

Siempre se dijo de una sombra y voces de niños, bien, el cine fue, en otro tiempo, la Casa Cuna de Sevilla, por eso la calle se llama calle Cuna, no es difícil imaginar las vicisitudes que debieron pasar los niños que pasaron por allí, algunos de ellos que fallecían –hablo de en siglos pasados- y que eran enterrados en un cementerio próximo.

Sería largo de explicar pero allí permanecerían el vestigio de aquellos niños y adultos, que estaban vinculados emocional y sentimentalmente a un lugar que hoy se dice que está encantado.