La verdadera historia tras “Obligado por el Diablo”, el nuevo caso de los Warren

En no pocas ocasiones se ha colgado, en el mundo del cine, aquel consabido cartel de “basado en hechos reales” y que, a tenor de lo visto en la gran pantalla, debió ser espeluznante. No siempre se corresponde a la realidad allá donde se dice que la realidad muchas veces supera a la ficción. Quizás sea el caso que les que les quiero narrar hoy y que tiene relación directa con la nueva película que tiene como protagonistas a los Warren, el famoso matrimonio de Connectitut (Estados Unidos) que consagró su vida a la investigación de lo paranormal.

Otros casos llevados al cine

Tras “El Conjuro” -la mejor, hasta el momento de la saga- y el controvertido “Caso Enfield”, llega “Obligado por el Demonio” (o el Diablo) y que lleva ese sello de “basado en hechos reales”, una película que tiene la dirección, en esta ocasión, de Michael Chaves bajo la atenta supervisión de James Wan y en la que se cuenta la terrible, y presunta, posesión demoníaca de un chico llamado Arne Cheyenne Johnson.

No es sencilla la trama dado que es un caso que, realmente, llegó a los tribunales de Estados Unidos y en lo que se argumentó a favor del asesino que “mató a su casero de varias puñaladas estando bajo una posesión demoniaca”, al menos así lo alegó su abogado ante la policía y los tribunales habiendo escuchado como su cliente le afirmaba, con insistencia, que “el Diablo lo obligó a hacerlo”.

Antes de todo ello, de ese trágico resultado, el matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren trató un primer caso de presunta posesión en el entorno de Arne, en esta historia real -diferentes es si la posesión fue real o sólo un argumento para esquivar una condena mayor urdida por su abogado- del año 1981 y que levantó una tremenda polvareda jurídica.

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El matrimonio Warren

Todo comenzó cuando la Debbie Glatzel, pareja de Arne, avisó a Ed y Lorraine Warren que David Glatzel, de 11 años de edad, sufría un fenómeno de posesión pues había cambiado su actitud, su forma de comportarse y que hablaba, en ocasiones, de forma atípica “como si fuera otra persona”. Con tal información los investigadores se desplazaron la residencia de los Glatzel dando fe que algo extraño sucedía al pequeño y precisando de la ayuda de la Iglesia para realizar un exorcismo.

Fueron cuatro los sacerdotes que intervinieron en el mismo y donde se certificó que ocurrían sucesos paranormales en torno al menor, a David, y su familia; concretamente se afirmó haber sacado de su cuerpo a -nada menos- que 43 demonios que provocaban esa turbación y esos fenómenos. Una vez concluido exitosamente el mismo la vida volvió a su rutina si no fuera por que Arne, relacionado con Debbie, comenzó a tener unas pautas de comportamiento igualmente extraños que recordaban al de David, todo parecía indicar que estaba en las primeras fases de la posesión.

Arne Cheyenne Johnson y sus “demonios” tuvieron su particular explosión en la noche del 16 de febrero de 1981. En la noche de autos llamó al Wright Tree Service donde trabajaba informando que se encontraba mal; fue junto a Debbie a la perrera donde la mujer trabajaba, con su hermana Wanda y Mary, de nueve años, prima. Bono, la víctima, era el casero y jefe e invito al grupo a comer en un bar donde el alcohol iba a hacer su efecto.

Con evidentes signos de embriaguez hubo una disputa entre Bono y el grupo centrándose en la persona de Mary a quién quiso retener, fue el punto álgido de la pelea pues Arne, sin pensarlo, gruñendo, tomó un cuchillo y asestó diferentes puñaladas a Bono, una de ellas desde el estómago hasta el corazón, algo atroz a juzgar por como dejó el cuerpo.

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En el juicio

Arne C. Johnson huyó siendo detenido a varios kilómetros del lugar del asesinato, fue enviado al Centro Correccional de Bridgeport por un juez, provisionalmente, con una fianza de 125.000 dólares. Esto era el primer asesinato en la historia de Brookfield, los vecinos estaban muy impactados.

El abogado de Johnson, en el juicio, dijo que su cliente “había asesinado a Bono porque tuvo visiones horrendas” y “el diablo le obligó a hacerlo”. Fue entonces cuando los Warren fueron llamados a declarar sobre la posesión de David y los efectos que tenía la misma relacionándolo con Arne y la posibilidad que hubiera sido poseído.

Lorraine Warren afirmó Arne sufría una posesión con los mismos demonios que tomaron el cuerpo de David Glatzel, de alguna forma se le habían metido.

El juez, con buen criterio, dijo que “era irracional y no científico”, un argumento que no debía ser valorado en aquel juicio y condenó a Arne C. Johnson a “entre 10 y 20 años” de prisión por resultar culpable del homicidio de Alan Bono. Sólo cumplió cinco años.

Ahora llega al cine y contará, con dramatismo y terror, la versión deformada y cinematográfica de lo sucedido allá donde, dicen, el testimonio de Lorraine Warren sirvió para atenuar la pena final de esta historia “basada en un hecho real”.