Arqueología sagrada: las falsas reliquias de San Juan ‘el Bautista’

La figura de Juan ‘el Bautista’ era tenida casi por una leyenda hasta que el arqueólogo británico Simon Gibson encontró una cueva en Jerusalén que llevaba hasta una cisterna cuyas aguas utilizó Juan ‘el Bautista’ para bautizar a los discípulos.

“Es la primera vez que se encuentran restos bautismales tan antiguos” decía el arqueólogo en aquella oquedad de 26 metros de lago que había sido antaño una piscina de bautismos usada por los judíos del siglo I d.C. En las inscripciones de la cueva destaca una cabeza decapitada datada en el siglo III.

Juan ‘el Bautista’ nació poco antes que Jesús de Nazaret, del que era primo por parte de la familia materna. Lucas dice que comenzó a predicar en el desierto el año decimoquinto del imperio de Tiberio, siendo gobernador Pilato, hacia el año 28 d.C.

Es considerado como una especie de eremita o predicador judío contemporáneo a Jesús de Nazaret y considerado como una figura importante dentro del cristianismo, el islam y la fe bahá’í. Para unos es un “elegido” y para otros es un profeta siendo declarado santo por la Iglesia Católica. Hay que aclarar que no fue el fundador del mandeísmo pero si es una figura importante dentro de la misma religión.​

En torno a su concepción también hay un hecho milagroso que relata así la Biblia:

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.

Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.

Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto». Pero Zacarías dijo al ángel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo” (Lucas 1:5-20).

Juan empleaba el bautismo como sacramento central de sus creencias siendo la persona que bautizó a Jesús en el río Jordán. Es un personaje histórico pues es citado por el historiador judío Flavio Josefo; también se dice de él que tenía relación con la secta de los esenios, ascéticos y apocalípticos.

Juan era primo de Jesús y se dice que fue el precursor de Jesús, aquel que había anunciado su venida.

Salomé y la cabeza de San Juan Bautista

El hecho más conocido por el que es recordado fue por bautizar a Cristo en el Jordán. No obstante también se ganó muchos enemigos como el propio rey Herodes por tomar como esposa a la mujer de su hermano. Ello lo llevó a dar con sus huesos en la cárcel de Maqueronte, cerca del Mar Muerto.

Salomé, hija de Herodías, bailó de forma muy provocativa ante Herodes y éste le prometió lo que quisiera por ganarse sus favores… Su madre le dijo que pidiera la cabeza del reo. Su muerte por decapitación la menciona en sus textos un historiador de la talla de Flavio Josefo “los judíos pensaban que era un castigo de Dios por lo que le había hecho a Juan, al que llamaban el Bautista; pues Herodes le había asesinado, siendo éste un buen hombre que ordenaba a los judíos ser virtuosos y rectos, y tener piedad de Dios”, aunque hay investigadores que ponen en duda que fuera autoría del historiador.

De San Juan Bautista nos quedan reliquias pero todas ellas se han de poner en duda pues tenemos nada menos que dos cabezas del profeta así como 60 dedos, no obstante podrían haber cuatro cabezas más que se la tildan de “auténticas” y varias mandíbulas, lo cual si que sería un hecho milagroso. Las más “veraces” las podemos encontrar hoy en la Iglesia Ortodoxa Búlgara, en concreto en el templo de San Jorge de Sozopol, debido a sus reducidas dimensiones se trasladaron a la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio.