Cuando los mejores zapatos se compraban en Calzados FALY

CADIZ DIRECTO / @ManoloDevesa.– En ese viaje nostálgico que estoy empeñado en hacer con ustedes por los comercios más emblemáticos de la ciudad, nos paramos hoy en la calle Compañía. Junto al Bar Brim y el afilador Serafín. Lo que hoy conocemos como Tinoco fue en su día Calzados Faly, uno de los establecimientos más señeros de Cádiz.

Para ello me reúno con cuatro de las muchas trabajadoras que tuvo el negocio a lo largo de su historia. Elvira y Sierra, dependientas de la popular zapatería en épocas distintas: la primera hasta mediados de los años 70, la última hasta 1989 y con sus primas María y Manuela que también pasaron por allí.

“A la de Compañía 1 y 3 la llamábamos “la madre” por ser la primera” rememora Elvira. En la planta baja estaba la sala, en el entresuelo el género (almacén) y en la primera planta las oficinas, donde trabajó Manuela.

Las cosas van muy bien. Se vende tanto que a modo de anécdota recuerdan entre risas los malabares que tenían que hacer durante las rebajas: Había que cerrar las puertas y esperar a que la gente fuese saliendo para que fuesen entrando otras porque no cabían. El negocio prospera hasta inaugurar otras tiendas en Compañía 13 (actual Nuria Cobo), Ancha o San Francisco.

En sus marcas exclusivas y eficiente atención al público estaban la clave del éxito. Solo en la primera tienda de Compañía, seis o siete chicos y chicas más la cajera formaban la plantilla. Algo impensable a día de hoy en el gremio de las zapaterías que con una persona ya se apañan. Por las mentes de Elvira y Sierra pasan algunos de los géneros por entonces más habituales: los curapies de señoras con los que podían adquirirse zapatos a medida, Kurboys, lotus o los famosos yancos, exclusivos en Cádiz.

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De aquellos tiempos recuerdan con una sonrisa llena de nostalgia los empaquetados con guitas, la caja de manivela y las cuentas de cabeza: “no usé nunca una calculadora” apunta Elvira que dejó la empresa a mediados de los 70. Eso sí, supervisando a las cajeras estaban: “la señorita Amalia y la señorita Rosa, dos personas mayores, familiares del gerente”. María, cajera durante una época las recuerda a la perfección.

En Ancha, conocida popularmente como “la boutique” trabajaba Sierra. De aquellos tiempos no solo recuerda el día a día laboral con sus correspondientes anécdotas si no las comidas con los compañeros. Almuerzos en el Faro o la Venta San Antonio: “todo a cuenta de Don Rafael”.

Pero para qué negarlo, no todo era de color de rosa. Hay cosas que no cambian. Aunque la empresa contaba con muchas mujeres, tras el matrimonio eran ellas las que debían abandonar la empresa.

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En la década de los 90, la empresa comienza a toparse con el nuevo comercio y a mediados de la misma se vende la primera de las tiendas a Tinoco y la segunda a Nuria Cobo. Faly forma parte del pasado aunque en la mente de muchos gaditanos luzca reluciente como el primer día.