La cripta, una joya en la Catedral de Cádiz

Foto: F. Ruso (cadizturismo.es).

CÁDIZDIRECTO/Angel Mozo Polo.- Nuestro primer templo es bastante desconocido y ya por sus frecuentes cierres, consideran muchos que carece de mérito, sobre todo las antiguas guías de la ciudad, ya que por ser una de las últimas construidas en el país, la Catedral de Cádiz sigue siendo la gran desconocida de muchos que no saben bien que guarda en sus capillas.

Mucho ha llovido ya y no en balde han pasado, muchísimos años y a estas alturas ya no es todo igual como en las viejas guías se explicaba. Javier de Urrutia escribió la suya en 1843; Adolfo de Castro su “Manual del viajero en Cádiz” en 1859, mientras que en otras más antiguas, por ejemplo la correspondiente al año 1837, pues está claro, que para nadase habla de la nueva que no se consagraría hasta 1838.

Las Famosas Guías Rosetty, del siglo pasado, casi ni citan la joya a la que me quiero referir , aunque tocan temas y autores sin rigurosidad alguna; pues ya se sabe que lo que era bueno era indefectiblemente o bien de Montañés o bien dela Roldana, sin menospreciar a Salcillo y adjudicarle de pasada alguna obra, como ha ocurrido siglos con la atribución libre de asignarle la autoría del Cristo de la Piedad sin ponerse a estudiar la obra insigne de este genial murciano que jamás tuvo una imagen en la ciudad.

La cripta de nuestra magnífica seo, siempre ha sido alabada y bendecida por su enorme bóveda plana, un alarde de arquitectura y de ingeniería que debemos al talento del arquitecto autor del proyecto de lo que pudo haber sido una monumental catedral, Vicente Acero y Arebo (h.1680-1739), pero “poco duró Acero en la dirección de las obras, pues en 1729 los disgustos surgidos entre el arquitecto y el cabildo determinaron su retirada de los trabajos.

La cripta revela su sólida preparación técnica con la atrevidísima bóveda plana, que, aunque aprendida seguramente de la de El Escorial, no se limita, a sostener el coro, sino que campea en el centro de la planta soportando encima todo el presbiterio y su templete (“El arte en Cádiz”; César Pemán y Permantín, Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1930).

También citar esa gran obra de arquitectura y de ingeniería, es citar, a la joya que allí se encuentra presidiendo el altar principal de la rotonda que está dedicado a la patrona de Cádiz, la Virgen del Rosario representada iconográficamente en este caso por una bellísima escultura labrada en blanco mármol italiano “obra atribuida al escultor italiano de estilo barroco Alessandro Algardi ( Lorenzo y Juan Alonso de la Sierra Fernández, “Guía artística de Cádiz”, 1987), “donación del duque de Medinaceli” (Lorenzo Pérez del Campo, “Las Catedrales de Cádiz”. Editorial Everest, 1988).

Se organiza en torno a un espacio circular, cubierto por una gran bóveda vaída, audaz y casi plana, con la que Vicente Acero, demostró sus conocimientos matemáticos del corte de la piedra y resistencia del material.

Las galerías que parten de ella son rectangulares, con cubiertas adinteladas con engatillados interiores.Preside este ámbito circular una mesa de altar de mármoles genoveses, sobre la que se venera una escultura grandiosa y de mucha delicadeza, tallada en mármol, de la Virgen del Rosario, obra atribuida al artista barroco italiano Alessandro Algardi.

En el lado opuesto, al fondo de la galería central, se encuentra el panteón o capilla de los enterramientos episcopales, presidida por un crucifijo de características arcaizantes, identificable con la imagen que el gaditano Clemente de Aguiniga envió en 1606 desde Nueva España…”.

En la cripta está el panteón de nuestro músico, D. Manuel de Falla y Matheu (1876-1946) que descansa aquí desde el año 1947, en que fallece en Altagracia, Córdoba (República Argentina).

En el mismo recinto se encuentran los restos de nuestro escritor D.José María Pemán y Pemartín (1897-1981) desde el 2 de Septiembre de 1992.

En otras zonas del panteón catedralicio, descansan tanto canónigos como beneficiados del templo y personajes relacionados con la Catedral, así como benefactores.
En una urna de madera dorada y cristal, se expone el cuerpo de Santa Victoria, mártrir.