Tazón blanco con salsa de tomate, tras ella muchas verduras.
Plato con salsa de tomate.

Estas son las mejores salsas de tomate del supermercado, según la OCU

Hida y Labore encabezan las recomendaciones de un estudio de 236 salsas para pasta, en el que las elaboradas con tomate obtienen resultados muy superiores a las de pesto y nata

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Elegir una salsa preparada para acompañar la pasta puede parecer una decisión menor, pero las diferencias nutricionales entre unos productos y otros son considerables.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha examinado 236 salsas disponibles en supermercados españoles y el resultado deja al tomate como la base mejor situada.

Entre las referencias que sobresalen aparecen productos de Hida, Labore y Gallina Blanca, mientras que buena parte de los pestos y las salsas elaboradas con nata quedan relegados por su contenido en sal, grasas saturadas o aditivos.

Hida y Labore, entre las salsas que destaca la OCU

La comparativa permite poner nombres concretos a las opciones mejor consideradas. La OCU sitúa entre las más recomendables el tomate frito 0% azúcares añadidos de Hida y el tomate frito de Labore.

También incluye entre las salsas para pasta más destacadas el sofrito casero de tomate y cebolla de Gallina Blanca, el tomate con albahaca de Hida y la salsa Arrabiata de Barilla.

El resultado no depende únicamente de que el tomate aparezca en el frontal del envase. La organización aconseja revisar la composición y buscar recetas sencillas, con el tomate como ingrediente principal y listas que resulten fáciles de reconocer.

También recomienda optar por productos con menos de un gramo de sal por cada 100 gramos y evitar, cuando sea posible, los aromas y los almidones modificados. El aceite de oliva es otro elemento valorado favorablemente a la hora de elegir.

En conjunto, 28 salsas de tomate analizadas reciben la clasificación de “muy buena elección” y otras 73 son consideradas una “buena elección”. La OCU señala que todas las salsas de tomate incluidas en su estudio aprueban su Escala Saludable.

La diferencia está en la sal y las grasas saturadas

La ventaja del tomate se entiende mejor al comparar las cifras de cada familia. Las salsas elaboradas con esta base contienen de media alrededor de un 0,8% de grasas saturadas. En las de nata, la cifra media alcanza el 6,75%, mientras que en los pestos se sitúa en el 5,62%.

También hay una brecha importante en la sal. Las salsas de tomate presentan una media de 0,92 gramos por cada 100 gramos. Las de nata suben hasta 1,24 gramos y los pestos llegan a una media de 2,31 gramos, aunque existen referencias que superan ampliamente esa cantidad.

Las calorías acentúan todavía más las diferencias. El análisis encuentra un máximo de 91 kilocalorías por cada 100 gramos entre las salsas de tomate, frente a valores de hasta 187 kilocalorías en las elaboradas con nata y 447 en determinados pestos.

64 de las 236 salsas no superan la escala saludable

El estudio deja otro dato relevante: 64 de los 236 productos analizados suspenden la Escala Saludable de la OCU. Este sistema combina la información de Nutriscore con la presencia de aditivos y aromas para evaluar el perfil de cada alimento. Las referencias peor situadas se concentran especialmente entre las salsas de nata y los pestos.

Los aditivos también marcan diferencias. Según la organización, las salsas de tomate contienen de media uno por producto y muchas prescinden completamente de ellos.

Las de nata alcanzan una media de tres y algunas incorporan hasta ocho. La OCU señala además la presencia de nitrito sódico (E250) en determinadas carbonaras.

La recomendación práctica para el supermercado pasa así por mirar más allá del nombre comercial o de expresiones como “casero”. Una lista breve de ingredientes, tomate en una posición protagonista y una cantidad de sal inferior a un gramo por cada 100 gramos ofrecen pistas más útiles.

Para pestos y preparaciones con nata, la OCU aconseja un consumo ocasional, mientras que las salsas de tomate mejor valoradas pueden encajar con mayor facilidad en el consumo habitual.