El fantasma del Hospital de San Juan de Dios de Sevilla

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Los hospitales son, en muchas ocasiones, lugares donde el dolor y los sentimientos quedan atrapados, contenidos, y que, sin saber cómo ni la razón un día afloran y se manifiestan de la forma más imprevista, mágica o terrorífica.

En la calle San Juan de Dios encontramos el edificio del Hospital del mismo nombre, en su interior se vienen viviendo una serie de fenómeno que no pueden ser tildados de otra manera que no sea recurriendo a lo paranormal: puertas que resuenan en la noche o sentir como resuena un “toc, toc”, como si alguien llamara y al ir a mirar simplemente no hay nadie.

Esa experiencia se repetía una y otra noche para sombro de los testigos que no daban crédito a lo que sucedía. Hay otras experiencias con un espectro que a modo de parca anuncia la muerte de los enfermos, y lo anuncia llamando a la puerta, si se escucha es sabido que poco después se certifica la defunción de uno de los pacientes. Es un personaje etéreo que es llamado Frasquito y que se identifica con un criado morisco que habitó el lugar.

El lugar donde se alza este hermoso edificio fue una finca de recreo real en el siglo XV siendo la Orden de los Jerónimos quien la solicita para edificar una iglesia, entre tanto una gravísima epidemia de tifus se desata en la ciudad y allí era don los enfermos aguardaban la muerte inevitable, iban allí a morir.

Allí llega San Juan de Dios bajo la protección del capitán de los tercios de Flandes Antón Martín, y solicitando la iglesia para convertirla en un hospital que albergar a tantos enfermos necesitados en Granada. La ciudad era insalubre, la cantidad de enfermos que fallecían diariamente era terrible y las pulgas propagaban más y más las enfermedades.

El santo religioso, observador, creía que esto no podía ser bueno y comenzó una “campaña de concienciación” médica importante, a su vez innovó en separar patologías e implementar terapias adecuadas a cada enfermedad o daño. Se tenía la mala costumbre de atender a todos los enfermos en las mismas salas y así se propagaban los contagios.

Tras ser parte de la Orden de San Juan de Dios pasó a ser propiedad del Ejército durante la invasión napoleónica, posteriormente hospital provincial y hospital clínico universitario. Siempre en contacto con aquellos que veían como su vida pendía de un hilo o como se le escapaba poco a poco como la arena de un reloj: lenta e inexorablemente.

Pero regresemos al benefactor de San Juan de Dios, al capitán Antón Martín, que tenía a su servicio a un criado morisco llamado Frasquito. El criado, con la expulsión de los árabes en el siglo XVI, se esconde en el aljibe del hospital pues se negaba a marcharse. Pero el infortunio se cebó con él y el ambiente enrarecido de su escondite lo mató. Desde entonces se dice que el fantasma del criado vaga por el lugar que tanto amo y raro es el empleado del bello edificio que no narra, en primera persona, algún suceso extraño vivido.

Ha sido descrito como de pequeña estatura, de unos cuarenta años, barbado y con una capa o túnica; dicen que es un fantasma bueno y que no asusta sino que avisa de algo malo que va a suceder llamando a una puerta, activando una luz o un timbre, tirándole al personal de guardia de la bata o de la manga o mil formas ingeniosas de llamar la atención desde el otro lado.

Cuando las tropas napoleónicas tomaron la ciudad se cometieron actos irreverentes, un soldado sacó los ojos a un ángel de la escalera principal. Frasquito en justa venganza habría acabado aquella misma noche con la vida del francés.

Si alguna vez pasea por las hermosas estancias de este viejo edificio y se tropieza con un viejo criado morisco no sienta miedo, es Frasquito y permanece eternamente en el lugar que tanto amó.

Fenómenos paranormales en el Hospital Hispalense

Sobre los fenómenos extraños que suceden en el sevillano Hospital de San Juan de Dios en la localidad de Bormujos ya hemos informado desde este medio, CÁDIZDIRECTO, ahora se viene a sumar más experiencias que contrastan y amplían todo lo descrito.

Así entre las nuevas experiencias que narran antiguos trabajadores del centro hospitalario tenemos a dos que, inquietos por lo vivido aquellos días, afirmaban: “aquí hay una extraña sombra que se pasea por la planta y vaya que si asusta verla”. La sombra referida se aparece en el pasillo de la esclusa y creen podría tratarse de una persona que falleció en el box 8 luego de sufrir un accidente a finales de la primera década del siglo XXI, aunque es un dato que no pueden precisar.

Pero abundan en sus experiencias y estos extrabajadores detallan más allá: “muchas veces cuando estábamos de noche podíamos ver gente andar por ese pasillo cuando no tiene que haber nadie; también en un almacén de material cuando entrabas y abrías la puerta se notaba como una presión que empujara la puerta hacia ti, hoy día me dicen los excompañeros que aún pasa”.

La puerta en cuestión da a una sala cerrada y pudiera tratarse del mismo aire pero va acompañada esa presión de la visión previa de una sombra andando por esa zona, una zona donde no quieren ir muchos pacientes por temor a encontrarse con ese “algo” que ya han vivido.

Estas personas, que ya no trabajan en el recinto hospitalario, al ser preguntados si volverían a trabajar allí indican: “hombre, el trabajo está muy mal, y si hay que trabajar allí pues se trabaja, pero desde luego si veo de nuevo algo raro no se como reaccionar, me tiraba las noches pensando en ello”.

Igualmente hay otras vivencias: “hay una sala en la que los pacientes siempre ven a una niña en la sala, ha pasado con unos cuantos de ellos y todos dicen lo mismo: todos ven a una niña”. El caso es que allí se registró el triste fallecimiento de una niña (no suele ocurrir en las instalaciones la muerte de niños) que se registró en las instalaciones (se conocen más datos de los expuestos que por confidencialidad se omiten). ¿Una nueva causalidad?

El caso significativo de un paciente que en uno de los pasillos vio a una niña a altas horas de la noche, la llamó y, preocupado por ella, comenzó a seguirla para que no se perdiera o ayudarla a buscar a sus padres: “Me llevó hasta una sala de enfermería, yo iba siguiéndola como podía pues andaba con dificultad.

Al llegar allí, a una sala cerrada ya no estaba. Entonces vino un enfermero y me dijo: ‘Manuel ¿que hace aquí? Venga a su habitación’ y le dije que estaba siguiendo a una niña que parecía perdida. Él me dijo que allí no había nadie ni había pasado nadie. Al ver mi cara me preguntó y me dijo que no era la primera persona que veía a esa ‘amiguita’ por los pasillos del hospital“.

Encarnación estaba visitando a un familiar cuando vio algo terrible para ella: “iba a bajar camino de la salida cuando se cruzó conmigo una sombra negra, algo difuso, algo que no supe que era, me entró mucho frío y tuve la sensación que era algo malo, algo negativo. Me vio una enfermera la cara y me dijo hasta que si me podía ayudar o me encontraba mal. Fue una sensación grande. Le dije lo que había visto y simplemente me comentó que me calmara y tomara el aire”, nuestra testigo finaliza de forma contundente: “Aquello no es de este mundo“.

Seguimos la investigación y, a raíz de nuestra anterior publicación, son muchos los testimonios que nos van llegando y seguimos tras la búsqueda de lo imposible, en esta ocasión en un hospital tan conocido como el de San Juan de Dios.