La increíble historia de la muñeca de vudú de Paz Padilla

Si hay un personaje querido que representa a nuestra tierra en televisión es, sin dudas, Paz Padilla. La humorista tiene un escaparate público en la pequeña pantalla donde hace gala de simpatía y, a veces, de mano izquierda (independientemente de la calidad del programa). Pero a lo largo de estos años se ha podido ir conociendo algunos detalles de ella que llaman la atención.

A raíz de la muerte de su marido, el abogado Antonio Vidal, cambia su vida y su forma de ver todo aquello que le rodea, incluso a la muerte. Ella misma decía: “No hay que tenerle tanto miedo a la muerte, hay que vivir el aquí y el ahora, lo único importante en esta vida es el amor”.

Pero hay otros detalles que son, igualmente, significativos como el que tiene que ver con una muñeca muy especial que se trajo de África sin saber, realmente, el alcance que tenía la misma. Se encontraba en Benín, grabando junto a Jesús Calleja un programa de “Planeta Calleja” en el que se hacen entrevistas y se conoce el personaje invitado de una forma muy particular pues es a lo largo de reto, de un desafío, donde se pone a prueba la mente y el cuerpo de la persona.

De Benín a Madrid

En ese contexto se encontraba la gaditana y, como en cualquier otro punto del mundo, cuando se visita, pues se quiso llevar un recuerdo. El problema era que allí, precisamente allí, no había ninguna tienda de recuerdos ni nada que se le pareciera. “Allí no hay tiendas y entonces un cámara del programa y yo le dijimos a Jesús que queríamos una muñeca vudú. A Jesús no le hizo gracia, nos dijo que dejáramos el cachondeo, pero yo pensaba que a esas cosas le dabas importancia tú, y como yo no se la daba pensaba pues me la llevé de Benín a Madrid” explicaba.

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Lo curioso es que al llegar a casa la puso junto a la Virgen del Rocío o la Virgen del Carmen en un altar: “Yo pensaba que eran las tres iguales, cada una en su mundo, porque en Benín la muñeca vudú no es solo para cosas malas, también es para cosas buenas”.

La humorista indicó, además, que tiene otros “recuerdos” como una “mano de Fátima” o un “ojo turco” de otros viajes que ha realizado. Aunque el margen de sorpresa es muy amplio pues algo le iba a “inquietar”: “Una prima de una amiga mía me dice que ha echado las cartas a Antonio y que esto viene de África. ¿Tú no tendrás algo en tu casa de África?, me preguntó. Y en ese momento me vino a la mente la muñeca vudú. A mi muchacha, que es africana, le dio un miedo horroroso, a ella no le gustaba la muñeca, decía que se movía por las noches”.

Paz Padilla cree en este tipo de temas y le recomendaron que hiciera algo: “Limpié toda la casa como me dijeron, con agua, vinagre y sal. Hice todos los rituales habidos y por haber. Tuve que quemar la muñeca en un barreño y tirar las cenizas muy lejos, porque mi muñeca era un hombre y una mujer atados con un tridente y me decían que eso era el demonio. Cuando quemo la muñeca vudú viene un tornado de viento y las cenizas empezaron a volar. Yo no quería que se metieran en mi casa, así que cogí las cenizas y las tiré muy lejos, muy lejos”.

Mala suerte

Al respecto de todo ello matizó: “Yo no sé si esto es verdad o no es verdad, porque Antonio al final murió, o sea, que tampoco me evitó lo que yo en ese momento pretendí” con mucha resignación y pena, como es lógico.

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Desde que tuvo la muñeca no dejaron de sucederle cosas: “Me caigo por las escaleras, tengo un accidente de tráfico, cada vez iba empeorando la cosa. Ya me asusté porque no eran cosas normales”.

Los peligros de este tipo de objetos son grandes siempre y cuando se crea en ellos, el vudú, la magia negra y rituales oscuros no suelen traer nada bueno a aquellos que temen el poder que emanan y la influencia que pueden tener en la persona que lo posee o al que van destinados.