Los fantasmas del cementerio de San José de Cádiz

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.-A veces los seres fallecidos, los difuntos, tratan de comunicarse con los vivos, hasta pueden llegar a materializarse… Uno de los lugares preferidos en Cádiz para dichas actuaciones más allá de lo  trascendente es el cementerio de San José, casi desmantelado y con un futuro con vistas a otro tipo de actividad menos luctuosa.

En el cementerio de San José se dio el último lugar de descanso a aquellos infortunados que cayeron en la trágica explosión del 1947. En las crónicas de aquellos tristes días se narra el reconocimiento de los cadáveres de las víctimas de la explosión, penosa identificación, donde las autoridades no dejaban de fumar puros para intentar enmascarar el hedor producido por los cuerpos quemados y en estado de descomposición.

Allí había muchas víctimas descansando, se tuvo que ampliar para quedarse nuevamente pequeño, y así sucesivamente hasta el año 1992 que se prohibió nuevos enterramientos al estar agotado el cupo máximo que admitía.

Haciendo un poco de Historia con respecto a la construcción del cementerio nos encontramos que se construye en 1800 fuera de las murallas de Cádiz y con arreglo a la ordenanza de la Junta de Fortificaciones respetando las 1500 varas de distancia. En esta época los enterramientos podían realizarse en suelo adyacente a iglesias u hospitales, pero una Cédula Real de Carlos III firmada en 1787, prohibía este tipo de enterramientos en iglesias o en cualquier otro emplazamiento que estuviera en suelo urbano.

Sería Don Torcuato José Benjumea desarrolló el proyecto, un proyecto que debió adelantarse por un brote de fiebre amarilla en agosto de 1800 y que hizo adelantar la inauguración del nuevo camposanto de la ciudad de Cádiz.

Carro funebre de la epoca

En tiempos más recientes que el lejano siglo XIX, en 1997, la empresa CEMBASA toma la gestión y traslado de los restos mortales y el compromiso de construir una inmensa pirámide conmemorativa en memoria de todos los gaditanos que fueron enterrados en el cementerio de San José.

En la cripta del cementerio de San José se albergaron a más de cuatro mil cajas con restos procedentes de las exhumaciones, un lugar con forma de pirámide coronada por un gran ángel y las lápidas con los los nombres de todos los inhumados, ordenadas por día mes y año,  un total de 1.656 piezas, de las cuales 504 están sobre granito negro en el exterior, y 1.152 en mármol blanco para el interior. Hacen un total de 6.134 columnas con 285.141 nombres; aquellos que encontraron el descanso eterno…

Fenómenos Paranormales en el Cementerio de Cádiz

Tras hacer un poco de Historia sería conveniente recordar los fenómenos paranormales que allí se producen, así los vigilantes de la noche son los que mejores historias y relatos personales atesoran.

Uno de ellos es Alfonso Cozar, que trabajó en esas mismas funciones durante muchos años en el cementerio.

Recuerda Alfonso que “una tarde, mientras realizaba una de sus rondas por el cementerio, vi en el pasillo central un  joven de aproximadamente unos dieciocho años. Hacía poco que se habían cerrado las puertas y creí que aquel chico se había quedado encerrado”, le gritó: “Oye, chico, el cementerio está ya cerrado, tienes que salir” y la sorpresa llegó cuando “el chico no hizo amago de obedecer la orden sino todo lo contrario. Con un movimiento de la mano me ‘ven’ y comenzó a andar, yo le dije ‘Niño, que te tienes que ir’ que no puedes estar aquí” mientras caminaba hacia el joven.

Pronto se daría cuenta Alfonso Cozar que aquel chico no era de este mundo.

La descripción era arraigada de otros tiempos: iba vestido con una camiseta marinera y unos pantalones vaquero. Hubo un instante en el que dejó de verlo y el vigilante gritó: “Niño, ¿dónde te has metido? Que te tienes que ir de aquí, que ya está cerrado” mientras lo seguía buscando por las instalaciones hasta llegar a la zona de los osarios.

Entonces sucedió lo imposible… Vio algo que le heló la sangre… Su corazón se precipitó, los nervios afloraron, un sudor frío comenzó a caer por su espalda… Justo frente a él había una lápida y enmarcada en la misma la foto de un joven de unos dieciocho años que vestía una camiseta de marinero y se parecía al mismo joven que desde el pasillo central del cementerio de San José le indicaba con la mano ‘Ven’, aquel joven llevaba muerto exactamente 50 años…

En otra ocasión se han escuchado en aquellos mismos pasillos las voces infantiles de niños que gritan y te llaman, tal vez de los fallecidos en la “Casa Cuna”. Voces que gritan  ‘primo…Tito’, lo curiosos es que Tito era el sobrenombre con el que lo conocían sus familiares. ‘Tito…primo…Tito…’Allí, en aquel mismo camposanto descansaban los restos mortales del primo de Alfonso Cozar muerto en 1987…

También se han visto misteriosas esferas de luz, orbes de comportamiento inteligente que “vuelan” por sus pasillos y viejos nichos… ¿Qué son? Algunos creen que le alma de los difuntos…

El cementerio de San José siempre dejará muestras de actividad paranormal, ayer, mañana y siempre, sólo tenemos que agudizar los sentidos ,allá lo que allá en su lugar y, tal vez, lo insólito se manifieste ante nosotros como un vestigio del pasado cruel que les arrebató la vida.

El Fantasma de Don Rosendo

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Dicen que era el habitante más antiguo del cementerio de San José, en Cádiz, como no podía ser de otra forma, y pese a que hace ya mucho tiempo que murió aún se sigue manifestando en aquel lúgubre lugar.

Para unos es una leyenda, para otros una realidad, depende si se lo han encontrado o no. Lo cierto es que existe la tumba de Don Rosendo, en su lápida se puede leer la fecha de su óbito el 19 de julio de 1876, donde nunca faltaban las flores frescas e incluso era visitado por muchas personas, tal vez movidos por la curiosidad en torno a su figura.

Si profundizamos en su leyenda se dice que se llamaba don Rosendo de Vicente y Vicente, gaditano anónimo, además si se le reza te traerá buena suerte. Aunque se dice que fue un trabajador del cementerio llamado Joaquín Garaboa “el Quina”, carnavalero él, la persona que dijo que le hizo un milagro cuando se encontró con él cuando paseaba este por el cementerio.

Pero hay otras versiones, por ejemplo aquella que nos dice que realmente se trataba de un médico y filántropo -don Rosendo Vicente y Vicente- que no cobraba a los clientes por su asistencia médica y murió humildemente.

La tercera opción la encontramos en la que se define a Don Rosendo Vicente y Vicente, como venido del norte, montañés, que regentaba una tienda de ultramarinos y solía dar alimentos a los pobres de la ciudad de forma gratuita y desinteresada.

Existió un don Rosendo Vicente y Vicente nacido en la ciudad pontevedresa de La Guardia hacia el año 1808, hijo de Ignacio y Francisco, con varios hermanos; llegó a Cádiz con 13 años de edad. Murió en la calle Horno de Candelaria número 28 a las 17:00 horas. Fue enterrado en un nicho de su propiedad por lo que se deduce que era adinerado.

Los que se han encontrado con Don Rosendo dicen que siempre está en el cementerio y hablan de su presencia por los pasillos y calles del camposanto. Incluso grupos de personas han visto deambular a un personaje vestido con indumentaria de otro siglo sorprendiéndoles en extremo pero sin sentir temor. Algunos que escucharon hablar del fantasma de Don Rosendo si temiendo al saber que estaban frente a un espectro, un aparecido “del otro lado”.

Pero todo tiene un final y el cementerio de San José fue demolido. Curiosamente las apariciones de Don Rosendo no cesaron ahí. Sus restos fueron llevados al cementerio de Chiclana, en la capilla del camposanto, donde estaría ubicado frente a gaditanos ilustres como el exalcalde de Cádiz Fermín Salvochea.

Sus restos fueron trasladados en silencio y con sigilo, dada la popularidad de Don Rosendo podía haber algún tipo de incidente.

Y se abrió el nicho tras 134 años no quedando allí más que el polvo de lo que, antaño, fue su cuerpo. Algunos restos óseos es lo único que quedaba de Don Rosendo.

Se guardaron sus restos en presencia de los trabajadores del cementerio, periodistas y algunos concejales del Ayuntamiento.

Quizás Don Rosendo tenía especial predilección por el cementerio de San José y desde entonces, desde su traslado a Chiclana, su alma descansa en paz.