Pinturas rupestres imposibles en la “Cueva del Sol” de Tarifa

En muchas ocasiones nuestros ancestros dejaron muestras inequívocas de representar todo aquello que veían en el cielo, cosas imposibles de imaginar a lo que ellos daban la oportuna representación, dibujos que hoy se podrían considerar como “Objetos imposibles” o “pinturas imposibles” dentro de los Ooparts del siglo XXI.

Uno de esos ejemplos los tenemos en una cueva en el Sur, en Cádiz, en las proximidades de la localidad de Tarifa, en la llamada “Cueva del Sol”, un lugar que nos va a sorprender por las “ilustraciones” que un artista prehistórico quiso dejar hace miles de años en los “lienzos” que formaba sus paredes.

La “Cueva del Sol” en Tarifa

Le llaman la “Cueva del Sol” no por que hasta su interior lleguen los rayos de nuestro astro rey sino por que aparece representado lo que parece el sol. Un círculo con muchos destellos o rayas que lo imitan, como la representación esquemática que haría un niño del mismo.

Lo cierto es que en la cueva el artista quiso dejar ese buen ejemplo hace miles de años, rindiendo culto a nuestra estrella, algo que luego harían muchos otros en diferentes puntos del mundo y de muy diversa forma, desde construcciones megalíticas hasta observatorios líticos, todo era posible.

Pero en la “Cueva del Sol” no sólo se puede encontrar la misteriosa forma dibujada de lo que se entiende que es el sol, llaman la atención otras pinturas no menos destacadas y que pone en valor la capacidad de aquellos artistas rupestres: se trata de pinturas muy especiales y relacionadas con el cielo, con lo que se veía en el firmamento nocturno.

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Podría esperarse que hubiera bisontes, mamuts, caza por la supervivencia de nuestros ancestros, pero es algo que no encontraremos aquí sino un grupo de rocas, de asteroides pintados en la cueva y que sorprende a historiadores, científicos y arqueólogos.

¿Cómo es posible que nuestros ancestros, hace miles de años, pintaran asteroides? Pues es lo que está representado, toscamente, en la “Cueva del Sol”, que están datadas hacia el periodo Calcolítico, en el 3000 a.C. Los expertos dicen que podría ser un marcador solar pues nuestro sol es la fuente de vida, de calor, hacedor de cosechas, elemento básico para aquellos hombre de nuestra temprana Humanidad. Pero pintar dos asteroides es una grandeza artística y astronómica pues supone observar el cielo y plasmar lo que se ve con objetividad y sin imaginación.

“Estrellas fugaces” prehistóricas

Así es una demostración que los hombres del Sur, de Cádiz, del Calcolítico, eran muy cuidadosos con lo que veían en el cielo, que observaban, que tenían en cuenta a las estrellas del firmamento e, incluso, fabularían con algunas de ellas. En sus observaciones verían “estrellas fugaces”, asteroides, de un fenómeno que no lograban entender y al que, sin dudas, le dieron un carácter divino.

Estos dos asteroides serían un elemento destacado en su época, de gran relevancia, muy significativo y que hizo que aquellos pintores, aquellos artistas, quisiera plasmarlo en la decoración de la cueva e inmortalizar un momento clave para ellos. Agudeza visual, impresión, todo ello se pone de manifiesta  unos simples dibujos que van más allá de lo cotidiano y que trataron de plasmar un evento celeste que les pudo llenar de pavor, de inquietud o, por el contrario de admiración. Es de los pocos ejemplos que existen en el mundo de algo así y se tiene en esta misteriosa “Cueva del Sol” de Tarifa.

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Puede que fuera el nacimiento de los astrónomos del sur, de aquellos que, con posterioridad, dejaron claras su ideas en lugares tan emblemáticos como el onubense Dolmen de Soto y su “efecto solar”, todo es posible.