De jugador del Cádiz CF a bombero

CÁDIZDIRECTO/Daniel Martínez.- De jugador del Cádiz a bombero. Uno de los héroes del ascenso a Segunda A en 2003 desarrolla actualmente otra de sus pasiones tras acabar su carrera como futbolista. Se trata de Israel González, delantero que formó parte de un once cadista para la historia, el que consiguió en Las Palmas, tras empatar a uno frente al Universidad, devolver al Cádiz al fútbol profesional tras una larga penitencia de nueve años en el pozo de la Segunda B. Probablemente es el ascenso que el cadismo ha celebrado con más ansias de las últimas décadas, ya que por entonces parecía un muro insuperable dar el salto a la categoría superior.

Israel nació en Barcelona el 28 de agosto de 1972, pero sólo dos temporadas le bastaron para convertirse en cadista de por vida. Aterrizó en la Tacita de plata en 2001 tras una buena campaña anterior en el Toledo, equipo que dio la gran sorpresa eliminando al Real Madrid de la Copa del Rey siendo el autor de uno de los tantos del triunfo. «Soy cadista como el primero. Siempre lo sigo durante todo el año, hablo con gente de Cádiz y me llevo muy bien con gente del club. Llamo, me informo y siempre estoy pendiente del Cádiz», señala a Cádiz Directo.

Tras el ascenso intentó convencer a Jose González durante la pretemporada para continuar en el plantel cadista, pero los fichajes para la delantera de Oli, Andrés Armada y Javi Guerra desvanecieron sus opciones. Y tuvo que marcharse muy a su pesar.

«Después de lo que viví en Cádiz estaba claro que era imposible repetir algo parecido en otro club. Es el mejor equipo en el que he estado, y mira que he estado en equipos, pero donde más he disfrutado del fútbol y de una afición ha sido en Cádiz». Posteriormente continuó su carrera de manera profesional en el Palamós, el Zamora, el Mar Menor y el Guijuelo, para dar sus últimas patadas al balón en el Íscar y el Santa Marta, ya en el fútbol amateur. Anteriormente lo hizo en las secciones inferiores del Atlético, donde se formó, el Salamanca, el Ourense, el Pontevedra, el Burgos, el Jerez de los Caballeros y el Levante. Todo un trotamundos futbolístico.

Y tras colgar las botas descubrió su nueva pasión: ser bombero. «Surgió por un amigo. Acabé mi carrera en el Guijuelo en Segunda B y tenía un amigo que es bombero y me dijo que fuese a verle y visitase el parque. Fui varias veces y le cogí afición. Además hacían unas jornadas que se iban de bomberos en toda España, realizando prácticas y talleres».

En ese sentido, añade que «le vas cogiendo el gustillo y al año siguiente salieron unas plazas. Había cinco plazas, me presenté y justo quedé el quinto. Es un trabajo que me encanta. La verdad es que me gusta mucho y estoy encantado de ser bombero», comenta el ex futbolista del Cádiz.

Actualmente trabaja en el parque de bomberos de Béjar situado a 74 kilómetros Salamanca, localidad en la que reside, pero no pierde ocasión de visitar la capital gaditana cada vez que se le presenta la oportunidad. «Cada vez que puedo escaparme, me escapo. Si pudiese, me iría a vivir allí. Estaría encantado de irme a vivir a Cádiz, pero por motivos laborales tengo que estar en Salamanca, y teniendo trabajo, no se puede abandonar un trabajo».

De hecho, presenció en directo desde las gradas de Carranza el partido ante Las Palmas de la primera semifinal del Trofeo Carranza. El ex cadista ofrece su opinión sobre lo que aconteció sobre el terreno de juego. «Al equipo en general lo vi bien, aunque algo falto de chispa. Es pretemporada y son partidos fuertes, pero vi a un Cádiz más preocupado de defender bien y no encajar que de atacar y buscar la victoria. Destacaría a Álvaro en la banda, lo vi muy bien», comenta.

El recuerdo sobre su figura aún perdura en la retina de los aficionados que vivieron aquel ascenso en Las Palmas y en sus habituales visitas a Cádiz suele ser agasajado por los cadistas. «Algunos sí se acuerdan. Se acercan, me preguntan y se hacen algunas fotos conmigo, como cuando estuve en el Trofeo. Y eso que han pasado ya 15 años».

Nunca olvidará la animosidad de la hinchada amarilla cuando vestía la elástica cadista. «La afición es espectacular. El año del ascenso el equipo siempre estaba arriba, pero en la anterior estuvimos muy mal. Hicimos un equipo para ascender y nos libramos del descenso a Tercera casi de milagro. Y a pesar de eso la afición animaba en todos los partidos hasta el minuto 90. Eso ninguna afición lo hace. En cuanto empiezas mal, al minuto 10 te están pitando. Y eso no pasó en Cádiz».

Recuerda especialmente el antiguo Fondo Norte. «Era diferente. Aquel fondo era espectacular. El Carranza antiguo era como más mítico, pero la afición sigue igual. Ahora tiene un gran estadio, pero en cuanto al ambiente es el mismo con todos los aficionados acudiendo a los partidos con sus camisetas del Cádiz», sentencia Israel, quien comparte ahora su cadismo en el parque de bomberos de Béjar.